"Sucha" -I-

sido la única, quizás por lealtad, o por las sombras del pasado, o por ese mutuo amor, que pudo extenderme la mano y habilitarme la casa.

                 Me ví, sentándome en aquel diván verdecito, en aquel donde habíamos estado todos riendo y festejando.  ¿También usted piensa que tengo la culpa?.  Yo lo había advertido, me había negado a conducir aquella noche.  Usted debería ser la más dolida en esta situación; quizás la operación la sacaría de esa silla...¿Recuerda, el día en que escogimos el diván?.  ¿Lo recuerda?.  Aún, para este tiempo usted quería mantener los parámetros que la habían ligado con Iván, o con el matrimonio, o con la dualidad; o quizás era más importante que eso, y reflejaba su sentido de diversificarse, de no quedarse en usted misma.  Por eso, de nuevo, escogió un sofá grande donde cupieran siempre dos sueños en uno; pero que siguieran siendo dos.  Dos, más allá de las interrelaciones o de  las uniones..  Y se le antojó aquel que ni siquiera cabía  en el saloncito de té que, europeamente, había colocado en su casa.

          Allí, también, en un diván, no verdecito, como el de ahora, no.  Pero habíamos estado todos, de a pares, de soliloquios, de cansancios acumulados en el alma.  Cómo puedo saber exactamente qué le sucede (y no es por lo de la silla).  Sé, mi querida amiga, que está tratando de poner orden sobre algunas cosas, lo he visto.  Sé, que su tiempo y el mío han ido al mismo tiempo porque la resonancia estaba hecha desde otra atmósfera.

        Sentado, allí, comprendí que, aún ahora, después del encierro, aún en mi locura, seguía extrañándola.  ¿En verdad, estaba loco?.  ¡Que me perdonen las batas blancas de sueños rotos!, pero lo mío es otra cosa...Es extender las alas y volar.  Pero, no nos adelantemos a los hechos.

           El té, el whisky, el saloncito, la llamada urgente, todo se había puesto en mi contra aquella noche.  Lo siento.  ¡Lo siento tanto!.  Cuando siento en mi boca, el sabor a alcohol, a propílico mezclado con los de otrora, cuando siento la sutura en mi pie, cuando siento el olor a sangre,  ¿ah, mi querida amiga!, quisiera si, si pudiera devolverle su caminar, si pudiera devolverle la vida de Iván.  Ya nada era posible.

         Déjeme contarle mi suplicio.  Éramos como doce, trece conmigo, y luego murieron dos y quedaron once.  Para nada es verdad que murieron, ¡qué va!, sépalo, se hicieron la muerte con lo que pudieron.  Aquí, si que había que mantener la estabilidad.  Dos cristales, lo que quedaba de un espejo, dos cruces, quizás los mismos sueños.  La habitación era común y en común, de a seis.  Su cielo era de color.  No, no tenía cielo.   Me habían llevado casi desnudo, y ahora, me hallaba aquí en su casa, sin un céntimo propio, tomando lo que queda en sus cajones, saliendo de noche como un vulgar delincuente, viviendo con el miedo. 

Recordé su última carta envíada al locutorio mental, sabe ¡Ojalá, fuera de verdad!, y no un simple consuelo a mi alma.  ¡Espero que la hayan operado  y que pronto, muy pronto vuelva a caminar!, ¡quiero creerlo, mi querida Sucha!.  Cerré tantas maletas en mi vida que esta vez, cuando me llevaron, de vuelta al psiquiátrico,  

.......................................continúa....................................

Páginas