¡Qué Locura!

Mirsolaá, por lo que no puedo adelantarles nada más acerca de esto, por ahora.

¡Al diablo con el causal! –me había-n dicho tanto veces-... Pero, cómo dejarlo  o dejárselos, ¡sí es que somos causa-efecto, la de todos, el de todo, –me había contestado yo misma- al trasluz de Mirsolaá. Siendo así, ¡dejemos de ser causa negativa y seamos colaboradores de destinos!. Por otro lado, buscar ese causal verdadero parecía ser la visión más real a lo que podíamos acercarnos en este momento de experimentación, y de creación, en cuanto a ser algo  más que una especie viviente, se refería, pues nos liberaba de lo “tormentoso” y nos abría las puertas hacia la libertad infinita.

Volviendo a lo del nombre no es que no me gustara. ¡No! Sólo que hubiera preferido que fuera más sencillo a la hora de deletrearlo a lo largo y a través de la línea telefónica. ¿Era una misteriosa tarde? ¿o había resultado de mañana?. En fin, eso ni siquiera guardaba relación con las cifras que intentaba reordenar, y mientras pensaba en ello, mi cabeza digirió por qué al ser humano le encantaba encuadrar todo dentro de un margen. Y es que, realmente, era la única forma que había encontrado para mantenerse vivo y en consonancia con lo que gira. Nuestra existencia misma es un margen de la energía continua y rebelde.  No nos habíamos percatado que asimos a los recuerdos para tener memoria.  Me-moria, -implica dejarse la piel en la búsqueda- en lo que construimos; sostenerla, era mantener en pie la sangre, los huesos, los filamentos, y para eso era que creábamos los sistemas individuales, las impresiones digitales que nos permitían viajar una y otra vez. Esa es la primera parte de esta verdad, que compartimos algunos. Tus recuerdos, tus márgenes, tus tendencias.  La calidad de la tinta que usábamos nos fijaba a cada emoción, a cada sensación, las cuales  nos hacían más o menos, unos facilitadores de posibilidades; unas veces de la mejores, otras, no tan buenas. Bien, en ese tiempo fue que me permitieron descubrir que mi nombre tenía raíces indio-americanas. Mira-al-sol ¿Extraña coincidencia?. A este punto ya sabemos que no, y además de a dos. ¡Así que la última seña era la de haber habitado un sistema bi-solar!, muy….¿vibrante?, en sí mismo, y dual, -jaja-, para que me fuese reacostumbrando a ello antes de tocar “Tierra”; aunque esta visión de una esfera bisolar se me 

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