¡Qué Locura!

deseos e ilusiones terrestres, y que conformábanse, ya, como ecos de lanzas de nuestras tribus urbanas, constantemente; agrediéndonos entre nosotros, agrediendo a la supervivencia per se, al Universo.

          Todo eso parecía ser menos importante para el común, pero esto era y es lo mismo que vivimos todos los días.  Son nuestras historias, y más aún porque no éramos capaces de saborearlas como si fueran una experiencia fresca y nueva, que nos llevase a algo más.  La realidad que nos ayudamos a entrelazar.  Era necesario  desarticular a los sufrimientos, llevarlos a casi cero para encontrar nuestra verdadera naturaleza.  Era, también, necesario, no olvidar las constipaciones, o lo que “padecen” nuestros muchachos porque todo lo que ellos sentían era lo más temido de la adultez, como si tú siempre estuvieses yendo en retroceso, viéndote a tí mismo todo el tiempo, cumpliendo  sueños que otros querían evitar, o regalartelos, -en el mejor de los casos-, ya que habías sido esos mismos dolores, o esas mismas visiones. Y también, ¿cómo que no?:  ¡ESOS MISMOS CAPRICHOS!. Las misma incomprensiones, las otras insatisfacciones, la avaricia del contenedor, probablemente. Eran y son esas mismas rebeldías propias, vistas una y otra vez desde ángulos diversos. Era y es necesario desarticular eso que nos hacía vernos inmersos en un mundo cíclico, en un planeta repetitivo.  Era necesario entender que si no éramos espinas, no generíamos más dolores, y, al mismo tiempo, dejaríamos de reproducir más espinas porque no podían imitar lo no reflejado.  Bastaba reflejarlo para que la mente supiera que existía la posibilidad de ser posible.  ¡Eso era todo!, pero como nos mantenía en ciertas tendencias, eso de los arraigos y lo de la posibilidad en sí misma.

            Por lo menos, hasta este punto, ya habíamos logrado generarnos una nueva “motivación” -creo yo- ir y hacer una búsqueda más allá de lo personal”, pero partiendo de lo que somos ahora para intentar alcanzar la liberación de las visiones falsas que generaban el sufrimiento colectivo, para intentar ser parte de lo excelso del otro y no de lo contrario.

…Y ¿qué pensarían si les dijera que nada parecía ser más caprichoso que el cuerpo de hambre estelar que nos sustenta?...Sólo observen la proyección!, -para que viéramos a la procedencia como causa de este efecto, también-; esto me había dicho la otra parte de mi Yo; pero esto es lo que van a dilucidar ustedes a lo largo del transitar de

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