¡Qué Locura!

Un por qué a lo que íbamos experimentando. 

Aunque la mayoría de nosotros no pudiéramos entenderlo a cabalidad, para darle margen a algunos otros, los que dicen que sí es comprensible la experiencia de existir, no sólo de habitarla; y yo me había atrevido a estar entre los que lo intentarían a través de los tiempos habitarla y comprenderla a un mismo tiempo; ya que prefería pensar, o quizás más que razonamiento, era espontaneidad y visión.  Además, “sentía” que eso personajes tenían razón, y que era posible desenvainar las limitaciones, no eliminarlas, pero sí desenrollarlas; ¡y cuál alfombra de mercader!, colocarlas, entonces, a nuestros pies, pues una vez que habían sido desenrolladas, podíamos iluminar con ellas, un “Pasillo o Umbral”: el de la Emancipación de lo Individual”; que no era otra cosa que la de la libertad de pensamiento y acción, concatenada a la sabiduría de lo que nos reunía para ser significancias. Además, una vez ahí, unos cuantos más podrían usar tu misma alfombra. Esta era uno de los primeros por qué por los cuales había elegido estar en esta vertiente, que no sólo te permitía realizar hazañas, o remar continuamente sino que te permitía ver cómo el mar se neutralizaba a sí mismo, y cómo, de esta forma, esa luz-conciencia se hacinaba en pos y beneficio de nuestras próximas historias, siempre que fuéramos partícipes conscientes y no víctimas domeñadas. Ahora, intentaríamos al menos despejar el máximo de ecuaciones posibles. Era como decirles, capítulo 1, “el destete”, pero sin numerarlos, porque para esto no hacía falta un orden, más que el de sus propios giros.

 

 

Y toda esta despelotada parafernalia sólo venía a cuenta porque existía un Universo al que algunos calificaban de evolutivo, cuando más bien parecía asentarse sobre una base circular que no nos entregaba todo lo que nos decían fue diseñado para generar acciones  y vínculos, y porque, en el fondo del subconciente colectivo hay un sentido de pérdida amplio, el cual está relacionado con un sentido de propiedad; “nuestras cosas”, “nuestros sentimientos” , “nuestras acciones” o “nuestra orientación de vida”. Ahora, me preguntarán, sí es necesario incurrir en todo este desorden que implica desintegrar, deshilvanar, para llegar a una especie de veredicto. Diré que sí. No les diría lo contrario de no ser así la cantidad de fuegos artificiales que emitíamos con nuestras pataletas cada vez que obteníamos mercancía contraria, y generalmente

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