¡Qué Locura!

como un sola experiencia; convirtiéndonos así, de nuevo, en el liguero de la entrepierna estelar; pero ahora, sabiendo lo que éramos, moléculas que nos empujaban a ser.  Y esta energía cautivadora, me permitía, además, que se –me- reconociera por ahí, en algo de la decadencia y, a su vez, como la versatilidad positiva generativa de los Universos. Quiero, entonces, aclararles algo acerca de la semántica personal de mi nombre terrestre de ahora, para que puedan visualizar un tanto mejor esa trillada frase acerca de que nada es casual sino causal, y que servirá de clave develadora a lo largo de esta ruta.

A través de mi genealogía ascendente, paterna y femenina, me fueron dadas las primeras pautas de los tipos de energía derivadas de la primordial, y para las que yo tendría que  entrenarme antes de poseer la capacidad de manejarlas.  Reconocer que todo era energía, impermanencia, movimiento….Ese había sido el primer paso.  En verdad, no  existía más que algo llamado “enegía”…..¡y qué primer paso!.

 Así pues, también, mi nombre o código personal debía tener una vibración específica que resonara con el objetivo de la encarnación; sin embargo, no estaba escrito en el orden que permitía legislar algo sobre mi esencia, ¿lo saben?; quizás ya presientes a dónde va todo esto. O quizás sólo esperas, sentado, bajo la sombra amarillenta de tu lámpara nocturna, taciturna, el bosquejo de aquellos tiempos en lechos adolescentes, donde te dibujarían la primera sonrisa del desvirgue; ver a dónde te conduzco. Quizás, eso. Sólo, esperas. Yo, sin embargo, había percibido los desenlaces, esa tarde de los desvirgues, en que comprendí la mitad de esta vida. La otra mitad es la curva de calentamiento ascendente y constante.

No crean que estoy un poco tocado de la cabeza o que mis cavilaciones venían a colación producto de una etapa de rebeldía en donde no me identificaba con el planeta. Simplemente, a otros tantos, que vagaban y se confundían en las aguas mortecinas del destete universal pretendía no dejarlos tan sentidamente solitarios, pretendía que pudieran resolver su ecuación individual, incluirlos en una espiral que les expeliera respuestas positivas para su modelación, y que les permitiese neutralizar los ácidos estomacales que les causaban las úlceras, los anticuerpos que generaban  nódulos o atacaban los sistemas nerviosos…¡y pare usted de contar!; y los cuales emergían de la contaminación de lo anticolectivo, en cualquiera de sus formas y expresiones. Un por qué a lo que

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