"Leah"

espectro?... ¿estar aquí, allá, y entre ambos sitios?, de alguna forma me sonaba a movimiento continuo. ¿Y si nosotros estábamos hechos a imagen y semejanza de ESO, cómo era que nosotros evolucionábamos para llegar a ser lo mismo del comienzo? Bah, patrañas!!! Nuestra misma carrera lo hacía mudarse a él continuamente y seguir haciéndose algo superior ininterrumpidamente porque sino llegaría un día en que nuestra fuerza conjunta superaría a la propia masa original que nos diera vida. Por eso, yo seguiría en esa tarea, la de avanzar para constatar el juego y ver dónde y quién, por fin, hacía el jaque mate. Lo importante era salir del juego. También, esto de la búsqueda me generaba expectativas, porque las vivencias inconclusas estaban aquí. Después de la caída del astro a manos del bandolero que pululaba por La Sierra, mis huesos no podían descansar pacíficamente, ni mi cuerpo albergar el sosiego de lo que hablaba Santa Teresa. Tanto como resultaba la era, nos convulsionaba. 

     Después de haber sido nombrada Princesa de la mesa Redonda he tratado de seguir transitando los caminos llevando sólo la fortaleza de mi espíritu, y esa era mi única arma; salvo que aquí, en esta era de papel, nadie tenía intenciones de pelear, o sea, que ahora era más difícil que en aquella época medieval, porque ni que contara con la Excalibur podría lograr nada. Regresa, ¡estrella, por favor!

     He tomado la vía más fácil para mí y me he adentrado en un retiro espiritual, he viajado días enteros por esos terrenos escarpados de La Sierra para tratar de encontrar la respuesta al problema de mi astro gigante, sin entender exactamente qué estallaba detrás de lo que parecía ser un secuestro.

    Pronto sería la fecha tope para que dejáramos de existir, no como planeta -lugar físico- ni como raza humana en transición sino como estirpe intelectual en vías de acelerar un algo dentro de nosotros mismos que no tenía un punto ni nombre específico. ¿Era por la civilización que me perturbaba o era por la civilizaciones que se condenaban a sí mismas, que no podía dejar de...? La verdad, no entendía nada, o mejor dicho, todo lo compasivo, lo hermoso y lo Divino, esa magia que nos hacía perder el sentido de dualidad con aquellos espíritus que abrazaban nuestras vidas embriagándose y perdiéndose en su esencia flotante y divertida, se había conformado en un lamento que emanaba del

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