"Gateando por los peldaños"

éste, no logras descifrar el destino de las otras que entraron a la maternidad, casi al mismo instante que ella.  Casi al mismo instante que las tús de ellas.

         Al principio, te había consternado un poco toda la imagen de los desasiegos ajenos.  Te apesadumbraba más por la vidas que tendrían que ser recanalizadas y reconstruídas que por aquellas que se habían perdido en los suburbios de sus úteros; y no porque le dieras más importancia a la  vida ya manifestada que a la que estaba por manifestarse, sino porque el crecimiento, el despertar, aquello que era necesario para consentir y concebir bienes, no debían considerarse derrotas de las batallas, finales de ciclos que no  han cuajado, porque independientemente del resultado último sí habia existido una cuajada.; pero a veces, los sentimientos no te permitían verlo de este modo, y te anclabas a la parte negativa del proceso.  Pero, al principio y al final, eran acontecimientos que te había permitido ser una u otra cosa, o varias al mismo tiempo, y dejar de ser algo que habías sido.  No obstante, desde es último pensamiento, decides entender que todas esas chispas sólo quieren ser felices, que quieren seguir intentándolo. Es verdad, que a veces, los intentos de segundas  contracturan un poco a la paciencia, pero, definitivamente,  ¡son los mejores!  porque ya has entendido; al menos eso, o al menos tu yo.  Por eso, te ves aquí, hilando de nuevo, a pesar de que estas páginas, suburbio de algún centro activo e intuitivo de mi siempre, se hubieron sumergido en el  fondo de un sistema colapsado por insuficiencia de memoria.  ¿Por qué, siempre, tanta insistencia con lo efímero de la creación humana?.  Quizás, porque, además de estar a la vera de las cosas y observarlas en su jugueteo, a veces, convencional, otras, no tanto, debía asegurarme que el camino, de una u otra forma, representaría proyecciones invariables, pero salvables, si las abrazábamos con convicción. ¡En paz descansen!-s, todo lo destajado por no servible.  Te sentaste de nuevo, ya no apesadumbrada, y tratando de empezar a comprenderles más que las primeras veces. 

          Y, te preguntaste ¿por qué, sí  ya tengo todo hilvanado, me cuesta ahora escribirlo más esfuerzo que antes?.  Y te respondiste, que en el fondo,  buscamos más lo desconocido, lo posible desde lo caricaturesco porque de  lo hecho forma y figura, ya, has descubierto demasiado para tentarte de nuevo.  Eso es

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