El coronel, cegado por un sol"

días y noches.  Sólo las conferencias de mis últimos libros me habían sacado, por algunos instantes de mi prisión, de mis planes finales, por los cuales, ahora estaba escribiendo desde una prisión que no era mía, pero si de mi protestante y retador amigo, Milo. Vigilia hasta de soñar.  ¿Cuántos días de excesivo material de lectura y de recopilación?.  ¿Cuántas horas de investigaciones, de olores desagradables, de flores mustias, arrancadas, de rejas amordazadas para terminar aquí!.  ¡Y total, qué vendría después....?.  Esperaba que tú me dieras la respuesta. Sí, ¡tú, Lucía!.  Y lo que había presentido que Lucía me habría contestado, o quizás, en realidad, me lo había transmitido, era que no había terminado en prisión, sino que estaba comenzando mi liberación real, la verdadera.

                     No sabía si tomar el autobús o manejar hasta el casco de la ciudad.  ¡Bah!.  ¡Qué‚ fastidio!..  Ni lo uno ni lo otro.  ¿Y si caminaba?.  Sí, quizás era lo más lógico dada la situación de embotamiento mental.

                    Definitivamente, la elección, había sido oportuna y correcta.  Sentir el sol fresco de las primeras horas de la mañana, sentir y perderse en los análisis transaccionales...¡Uf!, ¡más psicología!.  ¡Qué valor!.  Creo que era vicioso de lo mental, casi tanto como de Lucía.  Aún tenía tiempo suficiente para admirar las veredas cuasi plateadas de La Candelaria.  La cita estaba pautada para las nueve y media.  Miré el reloj de pulsera para constatar el tiempo y descubrí que disponía de una hora libre todavía.

                    Me miro en ese espejo callejero, subreticio y ¡qué veo!.  Mi imagen, reflejada, en una pequeña charca de aguas negras, propiciada por las lluvias de Junio.  ¡Era interesante, saber que la realidad también reflejaba lo que perseguíamos! Y todavía quedaba quien nos incitaba “¡a!”, y es que no se ha descubierto que el problema no es “a” sino...¡Unamos las manos, entonces, para que aparezca un sentido liderazgo correcto y verdadero! como ¿el de algunas campañas europeas, como en los países nórdicos?.  Si fuese posible, ¡mejor!.

                    Vuelvo a bajar la mirada hacia el agua turbulenta de mi aspecto reflejado en el piso, ya no de mármol, y  menos sutil.  Este era denso.  Y bien oscuro.  ¿Y eso era yo?; casi, casi, aún y cuando, en algunas ocasiones, admiraba a la raza.  Al resto de ustedes, por supuesto.  Y, no es cuestión de autoestima u humildad sino que mis límites  habían escapado al control de lo subyacente, en esa inmensa empresa por desafiar el código militar, y ya yo no veía las cosas, en general, como el resto.  Y, sabía que sin conciencia no se podía poner orden en la vieja trastienda de los hemisferios humanos.  ¡Qué‚ prospecto!.  ¡Qué había hecho con mi vida???..  Ahora, aquí, tocando la protuberancia de mi barba, me daba cuenta que no eran tan espesa ni rala,  blanca, gris o negra como parecía serlo.  Mis ojos parecían una hoguera, en pleno barrio, londinense, sin un soplo de aire cautivador, con el hálito callejero pero sin el suspiro de lo divino.  Mientras pensaba en la raza, me permití pensar en lo Divino, en el Dios de los cristianos, en cuyo nombre, y en aras de su supuesto  infinito amor, le habíamos permitido desangrar a un cuarto del planeta, al lado de los otros dioses orgullosos que permanecían en sus tierras de colores, por no mencionar a los iracundos del Islam, o los vengativos de los Chinos, que nada tenían que ver con la Conciencia Universal o Búdica . ¡Qué cohesión, ni qué cohesión universal!...¡Bravo, Marcos!..¡te los piensas cargar a todos, antes de llegar a tu final?..quizás ese era tu plan último; si era así, Lucía, debía estar atenta porque tendría que saber qué hacer, cuándo y cómo, si llegaba el momento en que a Marcos, se le pasase la mano, sino tampoco  podrían estar leyendo el  final de esta parodia del Coronel.

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