El coronel, cegado por un sol"

había sido yo, el ejecutante.

            <Tú lo sabes.  Sabes para lo que viniste hasta aquí. Conoces el éxito de tu plan. El autocontrol, es sólo la confianza innata en el proceso,  claridad de tu objetivos, salvaguarda de valores para una mayoría que beneficie al colectivo; una dosis de riesgo moldeable; pero ¡quién estaba hablando de ti, específicamente!.  Es verdad, esta voz que me perseguía, y que se parecía a un sol, me seguía diciendo: solamente te estoy sugiriendo un lugar para tu santorum; serás la experiencia del “limpiador” Plenipotenciario>, y debo aclararles aquí, que el término que Marcos usaría  aquí, de Lucía, sería para englobar principios ocultos de alquimia para todo tipo de medicinas convencionales para la mente humana, aunque la viese como su futuro posible, o como la mujer ideal.

                  Durante cientos de noches intenté conciliar el profundo estado de REM y de esa plenitud que conjuraba a mis sueños dentro de mis sueños.  Mi más profundo amor genético había permanecido dentro del margen del respeto y al margen de mi compañía por decisión unánime de ambas mentes; al menos eso pensaba yo, al tratar de encontrarle un sentido a esta nostalgia poco convencional.   La maestría que originó esta situación en mi vida cambió el rumbo de toda una existencia.   O más de una existencia.   Me  estaba preguntando, cómo se podía aprender tanto, refrescarse con tan pocas premisas si siempre estábamos intentando casarnos con seres como los Donal Thrump, por ejemplo, y olvidarnos de los sentimientos de nobleza; pero en este caso, había más que nobleza, altruismo o compasión activa por la liberación de Lucía; pues ella, era la que buscaba la mía.  Era cónsono entre los dos, entonces. 

           Últimamente, parecía que terminaba desviándome del curso de mis circunstancias actuales, de mis responsabilidades.  Pero, la propia actuación irresponsable de la sociedad moderna y occidental me volvería loco si no era capaz de conjugarla con un toque de irreverencia y chispeante alegría; con un paseo por los suburbios, tan lejanos ahora, pero tan comprendidos y sentidos en mi interior, de Camden Town o de Covent Garden, en pleno invierno.  Era necesario para resarcir al corazón de términos ambiguos, tornarlos ambivalentes, como a mi sol, ese que me perseguía –y ya entenderán por qué les digo que me perseguía, y desde ahí, observar todas las posibilidades antes de fijarse una.  Me preparé para mi siguiente discurso por un largo período de

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