El coronel, cegado por un sol"

sus días y su soledad no vencida; además de una especie de luz intensa, que siempre lo atosigaba.  Era como si él sol estuviese siempre agazapándolo, siguiéndolo, aún en la oscuridad de las rejas.  El sol.  ¿Cómo podía ver y evadir al sol, al mismo tiempo?, ¿escapársele?.  Por eso, había pensado tantas veces en un suicidio. Le iba  a resultar mucho más fácil arrancar el calendario, que jalar a la vida, a esa luz, que adentrarse en ella y tratar de encontrarle un significado, y mucho más después de haberlos desterrado a todos, o para,  incluso adelantarse a lo que habría de sucederle, antes de que todo eso comenzara; era definitivamente, más sencillo, irse definitivamente y buscar una lápida o un aire fino que esparciera sus pretensiones en un paraíso.

           Ventiuno de Junio, mes de horas equinocciales; la esférica aura blanca y nocturna se había vestido de grandeza absoluta, de tonos oro-rubí,  de esos verdes solares que, tanto ella como yo, estábamos buscando justificar y entender, y cuya obsesión y persecución, me había llevado hasta aquí.  Quizás era un delirio o una paranoia  y por eso buscaba echarle la culpa a un sol que me cegaba, que me perseguía. Esto me llevaba a recordar  cómo observar mis comportamientos me había derivado en espejismos del tiempo, de la luz, y eso que podía reconocer, era que nos evocábamos constantemente porque nos catalogábamos de ser supervivientes del sistema y de sus oposiciones, y no seres reales que buscaban concretar metas para beneficiarse mutuamente. 

          Cerré los ojos y pude percibir una voz , la cual me dictaba, ahora y antes, ambivalentes direcciones para elaborar mi destino.  Gritaban que emigrara.  Gritaban que me quedara.  Gritaba que, quizás Londres, o peor allí, y mejor España.   Percepciones o verdades.  ¿Chi lo sa?. Y no sé por qué motivo se me antojó jugar a sostener esta idea  de que cambiar o mejorar mi  vida no era dependiente de tu decisión, sino de la mía, adulterada sí, de refilón, por otros seres de la especie, incluyendo el aporte irreal de credos, razas, religiones, dogmas y sistemas de comunicación, como si de ahora en adelante les pusieras sello y marca; nada tan ideomático como si todos mis pasos hubiesen sido, primero, tenidos que autenticar por aquello que fungirían como “control de calidad”, los que tenían el poder, más allá del Coronel, de “arriba o de abajo”.  ¿Qué creen ustedes,

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