"Creo que notienen idea de nada, todavía" -I-

horas que estuve al lado de Suzanne me fue imposible sacarle ni una sola palabra de lo que le estaba sucediendo; solo la vi beber de más, pedirme compañía y asirse a su tristura.  No supe encontrar la forma de ayudarla; ¡claro, si no sabía ni ayudarme yo!.  Cuando la  dejé dormida, o al menos eso parecía, me puse la chaqueta y pensé en irme a casa a descansar un rato.

            Emprendí el regreso a casa caminando.  Eran unos doce kilómetros y  decididamente tomé la ruta larga, -supongo que me hará bien descargar todo el peso acumulado-.  Sin embargo, a menos de una cuarta parte del recorrido me detuve en seco y volví en dirección al cabaré. 

          -No sé, no sé, es como si pudiera predecirte Suzanne-.

          Algo  no andaba bien ahí.  Tuve temor, mucho temor y corrí hacia allá.   

          Al margen de esto y regresando a si quería o no permanecer al lado de Suzanne, la verdad es que...(voy  a darles la oportunidad de que ustedes mismos lo averigüen).  Es imposible descifrar tanto en simples frases, hay que vivirlo.

          Suzanne y Orión se habían separado hacía poco tiempo.  No es que estuviesen realmente casados; no obstante se convirtió en algo más que un matrimonio.  Ambos se querían entre las asimetrías y las desintonías que estaban latentes desde un comienzo, sin embargo obviando esto (inteligentemente) buscaban el equilibrio justamente, a través del antagonismo existente entre ellos.   A decir verdad, Orión buscaba algo más que enlazar dos caminos.  Y Suzanne, algo más que una compañía; aunque para ese entonces, ni ella misma lo sabía. Pasando y pesando lo cerrado del tiempo, de lo obcecado de cada uno de nosotros dos;  yo seguía obcecadamente luchando por dos cosas:  una que Suzanne recuperara su control, y segundo por mi mismo, tratando de amigarme con el entendimiento, por eso, también con ella, continuaba en la vía de la tenacidad -al menos, pensaba  yo- no estaba confundido, sé a dónde voy-.  Buscando resultados que yo, esta vez, no podía saber de antemano; que  no podía dilucidar si iban hacia su objetivo verdadero o sí  existía una doble intención del subconsciente, cosa que podía estarme pasando al permanecer totalmente imbuido en mis  experiencias.  Las mía, las de hacía treinta años.    O algo entre lo interno y lo externo.  En esto, al menos,  creía firmemente.  Que eran mis pautas, sólo mías; que las cosas se moverían según mis descubrimientos de cómo curarse en salud ante la próxima revolución sentimental en mi vida, por ejemplo y este ejemplo, era,  por poner, en bandeja, solo una de las tantas guarniciones que acontecían en la vida de todos.

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