"Creo que no tienen idea de nada, todavía" -II-

en principio, y por lo tanto, menos perceptibles. Como leyes que suceden después de los estados de caos, aunque parecieran ser repetitivas y exactas, no lo son, al menos no completamente.  Mil veces lo he comprobado, y otras mil veces más se que lo ratificaré, dadas las circunstancias de mis inverosímiles esquelas halladas y de otros muchos ruedos andados sobre mi propio peregrinaje, y sobre, otras tantos otros pasajes, unos tan humanizados, otros tan deshumanizados.  La costumbre de escribir, pues, era más para visualizar mis pensamientos, para comprender qué sentido tenían las repeticiones y las artificialidad de las situaciones halladas, sobre la Tierra, las cuales, para nada, las sentía totalmente ajenas a mi incumbencia, como sí lo llegase a  constituir el hecho de reentintar mis artículos en periódicos o hacer me de la fama, la cuestión en sí de escribir ahora, en este intento de humaradas y soliloquios era para intentar sustraer el conocimiento ancestral de los mundos en construcción, por los que habemos de pasar.

      Por supuesto, todo este juego mío no sería sólo captar, reunir y amalgamar las vidas de otros y pretender que fuesen más livianas desde mi refugio, como si de un puente de hielo estuviéramos hablando, y no de un intento para comprender la mía propia, sino, que además, debía servir de lgo o para algo, aunque, en principio no lo tenía claro. Pero, mientras no totalizara ideas ni corazones o los adjetivara hacia mis propósitos todo esto era válido. Y..bueno, ahí, enhebrando la aguja, recordé que todos, en algunas cosas, teníamos idénticos patrones de comportamiento,  como si se comprara o se manufacturaran chips, que todos llevábamos, adicionados, además, en un mismo sitio, en principio, la base de la columna vertebral, conectada con las sinápsis de nuestro cerebro. No éramos únicos, aunque se lo pareciéramos a otros de nuestra especie, a veces.  Teníamos mezclas que nos hacian menos usuales o más del montón, pero hasta ahí.

     Aparte de ese contenedor que me incitaba a descubrirse, casi solo, hambriento de dicha y bienestar, quería rehacer mi vida, mi destino, el de aquellos, que sana y sabiamente, lo supieran así, de mis manos, y me dejaran intervenir sin molestias, sin subterfugios, sin ánimos de ateponerse, interponerse o garantizar resultados de pancara, tipo: “Pare de Sufrir”, siempre había intentado, a mi modo, y quizás, de sobre manera, animar con artilugios a los magos habientes y a los desechados reincidentes de lo tacaño, de manera  que se pudieran restituir sus conciencias.  Era, pues, desde ahí, se me había ocurrido la brillante idea de tratar de comunicar  lo que yo, Mauro, a estas alturas del cadalso y con muchas certezas qué gritar, pocas mentiras que querer esconder, un áciago humor sobre lo comprendido consideraba veracidades extraídas, aisladas de lo impreciso y de lo meramente trivial, y cuyo objetivo focal era intentar que otros se congraciaran con sus realidades, también, aunque fuera a través de algunas de mis sandeces, las cuales asomaban garras gatunas a los que se exponían a ser arañadas, los domesticadores sin sentido de maleabilidad, y así en tenderetes o tendidos de la vieja usanza, tomadas por unas pinza y suspendidas sobre  una cuerda, terminaban mis anotaciones.

      Vagamente, y aún no sabía si lo hacía correctamente, había aprendido a trasladarme de los movimientos terrenos a los extraterrenos, como si perteneciera a ambos mundos y a ninguno,y con estos pasajes intentaba cohesionar las dimensiones, formar mis propias especulaciones acerca de cómo se percibiríaan los sucesos que habrías de aproximarse, tomar forma. Los ves, entonces, como si estuvieses a lo lejos, pero no lo puedieses evitar: tocarlos, -digo-, sentirlos, despojarlos o hacerte partícipe, cómplice, una vez más, de aquellos de lo que no querías huir, y de donde te querías quedar, aunque supieras que nunca serían para ti, o que tú vendrías y ellos se irían, o que ellos se irían y tú vendrías, hasta que lograran acoplarse.  Me reía de este sistema solar, el cual, como una micro molécula en el espacio se comportaba como si fuese o pudiere ser el único con vida en un Universo tan gigantesco, que era infinito.  ¿No, era esto, acaso ego, pensar que nosotros éramos los Único en un Todo??.  

     Mauro, ya, no era tan maleable, aunque, a veces, se dejara sentir así, pues conllevaba  un propósito interior.  Dejarse sentir así, le daba aún más fuerza.  Lo ayudaba a contrastar pensamientos.  Mucha gente podía hablarle y él, asentiría, sabiendo su verdad, pero sin necesidad de hacer nada que obligase al otro a tambalear su esfera, sólo pretendería dejarle entreveer su mundo; aunque, a veces, sin quererlo si sucedía.  Sucedía que los mundos se movían.

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