"Camaleones"

es para tanto, dices?.  ¿recuerdas cuando me llamaste al consultorio porque médicamente, “nadie”, encontraba el origen de los dolores de Patchaï.  ¿Recuerdas lo que me dijiste?.  ¿Lo recuerdas?.  Me dijiste que sus manos te hablaron de una enfermedad terminal a corto plazo.. ..Cáncer óseo, quizás.  ¿Te parece poco?..

               -No sé; es algo que hago sin darme cuenta. Pasa, a veces. Es algo así como volar un vuelo que no es mío pero que me toca sobrevolar.  

               -Sí, a veces, he visto cómo te pierdes en las miradas ajenas, Michelle; no sé cómo lo haces, pero, la impresión que tengo es que dejas de ser tú para ser el otro, los demás.

               -¡Vaya, qué observador!.

               -¿Y mis ojos, mis ojitos, ojos, qué te dicen?, -me ha preguntado Tonino mientras vamos avanzando camino, a través de la autopista del Este, de la ciudad caraqueña-.

               -¡Muy chistoso! –y nos hemos reído los dos con cierta libertad-.  Pues, lo mismo que tus manos –le digo yo, intentando seguirle el juego y mantenerme abierta-; un profundo y vistoso camino para andar, amores consonantes, y uno duradero; un pasado tortuoso que está terminando de desvanecerse, en medio de sangre y juicios ajenos a ti, pero presente aún, tú sabes; luego se expanden las líneas más y más; ¡brillo, mucho brillo!, y ya, no hay malos cruces hasta….-no supe qué decir cuando constaté que la línea de la vida, en su mano derecha era corta-. Bueh..después..  cosas valdeables y moldeables, de aquí en adelante. Tu vida no será excesivamente larga,  pero estará completa.

                  -¡Ves, toda una gitana! de caminos, –ha dicho Tonino mientras enrolla y despeina mi cabello negruzco con sus dedos larguiruchos y sutiles.

                   -Tú, tampoco, perteneces a este mundo, ¿lo intuyes?, ¿vedad?. Bueno, somos muchos en el calendario que no pertenecemos a este estúpido orden que se alimenta de estúpidas emociones….

                   -¡Quién sabe!, a lo mejor y resulto ser tu ángel guardian.  Bueno y ahora, pararemos unos segundos en mi casa, te inyecto el Valium, y luego, te dejo en la tuya. ¡De ahí, derechito a la cama!.  No quiero que permanezcas hablando con nadie, ni que te distraigas en una de tus  “misiones”.  Es a dormir, te acuestas  y ya, ¿entendido?.

                  -¡Sí, mi coronel!.

                  -Esto no es guasa.  Te conozco  y tú eres un caso serio.  A veces, hay que obligarte a.

                 Cuando toco la casa de mis padres, ya comienzo a sentir los

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