"Camaleones"

De todas formas,  no nos demoraremos, a esta hora, es poco el tráfico citadino; recuerda que él es mi amigo, y lo amo mucho.

                 -Gracias por la tranquilidad que me das.  Gracias, Tonino -he dicho, mientras lo abrazo fuertemente-.

                   -No me des las gracias, tontuela, los amo a los dos; y quiero permanecer al lado de ustedes.  Además Patchai está muy débil y ya sabemos, no puede moverse sólo sin riesgo, es por eso que no debemos prolongar el paso de internarlo.  ¡Menos mal que lo ha aceptado!.  Quizás, pronto haya que recurrir a….

                   -Ya lo hablamos, ¿no?, sólo hasta finales de esta semana.  Por  cierto, hoy me llamó, tu amiga, ¿Rosaura?, bueno, la oncóloga y me dijo que todo estaba listo para que la ambulancia lo trasladara el viernes.  La ambulancia estará aquí, como a la una, más o menos.  Al fin, pasado mañana es mi cumpleaños y se quedará tranquilo.   Es su ilusión, su fantasía.  Luego, se irá sin ningún apego, sin tristezas.  Debemos lograr que se sienta infinitamente pleno y feliz.   Esa es nuestra meta.

              Vamos bajando en el ascensor cuando levemente siento una fuga de aire, el piso se desvanece (cía), el ascensor cae, cae...

               Lo siguiente que recuerdo es que estoy en el asiento del carro de Tonino, y él con un jugo de frutas, sosteniendo el vaso plástico con la mano derecha, y  que al abrir mis labios le dije algo así como:  “tus manos llevan la expresión de un profundo sufrimiento por aquello que derramó tu sangre ...”

               -¡Chiquilla loca!, ¡seguro que ni has comido nada hoy!.  ¡Te lo apuesto!.

                -No tuve la oportunidad...y ¡menos ganas de comer!. Ese tiempo que Patchai estuvo lúcido, despierto, ¡estuvimos hablando de tantas cosas!…pude darle algo de comer; tú sabes lo difícil que es que ingiera cualquier cosa, luego, llegó María

–María, era la otra enfermera, saben- y lo bañamos, luego el suero....

                -Pero no puedes estar así.  ¿Quieres terminar como él?.

                 -No sería mala idea.

                 -No hables así, ¡por Dios!, ¡no tienes derecho!,  ¿quieres matarme a mí de un infarto? (y no curiosamente ni circunstancialmente, años después, mi querido amigo Tonino, murió de un infarto  ¡qué raro que mis tiempos se llenen de esa  bendita impermanencia!).

                -¿Quién piensa en cordura a estas alturas?.

                 -Tú.  ¡Tú debes pensar!.  Vamos...Eres fuerte y alegre, ¿qué pasa, te vas a dejar vencer?.  Mira que yo también me voy sustentando en ti

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