"Camaleones"

la impermanencia tan manifiesta, tan subsiguiente en mis planos cotidianos y corrientes -he dicho yo, mientras doy un vuelco de treinta y cinco grados para encaminarme al dormitorio donde descansa ese amor casto y sustancial, apasionado y pacificado, ya.  Y este había resultado ser una de las mayores recolecciones de esta vida, las infinitas posibilidades de amar al amor.

                    Con un poco de paciencia y mucha alegría lograremos ir borrando ese dolor, esa ausencia ¿no?.   ¿Qué era lo que realmente era neutro?.  Las cosas pasaban y las dejábamos atrás.  Eso era todo.  Lo mejor que podíamos hacer y en el mejor de los casos, era lograr el paso del umbral, pero en eso, me volvería casi experta, años después….casi. 

                   Antes de irme, llego hasta el dormitorio, ese que  había cobijado mis primeros sueños de adultez, de madurez; me inclino sobre el lecho y beso sus mejillas; su frente, como queriéndolo amar más y al mismo instante liberarlo del dolor, del sopor, de la espera....¡Si por mi fuera, Patchai!, pero esta vez, como muchas otras, a lo largo de este paso por la existencia, no estaría en mis manos, pues él había tomado su propia decisión. Él me permitió estar a su lado, yo quizás, de estar en su posición, no hubiese permitido llegar a nadie hasta allí. ¡Los minutos eran incomprables!.

                  Me vuelvo, de nuevo, sobre mis pies emocionales, firmes, robustos, para verlo, una vez más, desde el quicio enamorado de la puerta.  Él, abre levemente sus ojos, como buscándome, tratando de reconocerme.  Impulsivamente me regreso hasta la cama con ganas de despertarlo totalmente y escuchar su voz; sin embargo, a los pies de la cama, me detengo y respiro.  Sólo tomo sus manos, tan conocidas, tan sentidas, brindándoles la ternura almacenada en cristalinos suburbios de atosigamiento amoral.  Le devuelvo mi sonrisa y lo invitó a cerrar nuevamente sus párpados.  Dos besos más y una rápida salida de la estancia, entrecerrándole la puerta.

                -Vamos, estoy lista -le he dicho a Tonino, suspirando y aspirando el aroma de una pequeña rosa, que me había regalado Patchaï, el día anterior, y que la había traído el mismo Tonino-.  Debemos apurarnos, porque si despierta...Quiero que estés con él, ¡por favor!.

                  -Descuida, le quedan algunas horas más para que cese totalmente el efecto del calmante.  Mientras tanto, Dora estará aquí, tú sabes. -Dora, era una de las enfermeras que nos ayudaría en el proceso-.

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