"Camaleones"

sin desesperación, sobre aquello que sabemos inevitable e impostergable, me siento dolida.  ¿Sería suficiente, la expresión?.

                  -Por fin, ¿piensas hablar con Nicolás? -me pregunta Tonino, mientras se sienta en un sofacito color guinda y estira las piernas a lo largo del piso-.

                  -¡Claro!...Él...Él debe saber lo que está pasando.  Al menos, haré el intento.

                  -¡Si te deja hablar!, ¿no?.  Porque a mí, la verdad, ni siquiera me permitió acercarme...Pero es tu cumpleaños y esa es la voluntad de Patchai.  Tú eres, definitivamente, ese último respiro.

                  -No te preocupes, amigo mío, confiémosle al Absoluto que Nicolás será abierto.

                  -¡Ahora sí que hablas de milagros!, porque traer aquí a Nicolás va a ser como romper las leyes de su naturaleza.

                   -Es distinto, Tonino.  Lo de Patchaï, proviene de una certeza enviada por esa misma sustancia universal, de que su tiempo, este tiempo, se agotó.

                    -...Si te equivocaras...

                    -¡Si me equivocara!, entonces, El Absoluto nos estaría brindando una posibilidad que no nos corresponde, ¿qué podríamos darle a cambio, qué cosa valdría lo suficiente para eso?, ¿otra vida?, ¿la mía, por ejemplo? ¿o crees que los intercambios se gestan solos en el Universo?; posiblemente nada de lo ofrecido o de lo esparcido se puede recambiar por la vida de Patchaï, en este punto espacio; sino ya hubiéramos obtenido otros resultados, esto hubiese parado y el otro ciclo hubiese comenzado; ¡de eso estoy segura!.  Ahora, cuando nosotros tenemos a nuestro favor el poder de elección y lo dejamos pasar, es nuestra responsabilidad, pero cuando viene de  lo que llamamos “Arriba”, a-temporal, o karmático, es mucho más complicado y menos postergable.

                    -¿De dónde sacas tantas respuestas?-ha preguntado Tonino, mientras representa con unos ademanes de confusión y un tibio bostezo, que me ha contagiado, por el poco descanso, y un resguardo de sombras felinas que se almacenan en el aire-.

                    -Creo que de donde las sacamos todo, de la Mente Absoluta –pero lo que significaba realmente mente absoluta lo corroboré años después cuando me fui por temporadas a la India-, lugar al que siempre querré correr a habitar, pues de un hogar ancestral estaríamos haciendo acuse de recibo… ¡Ah, y tú que me hablas de descanso, ¿no te das cuenta que tu también estás agotado?!.

                    -Sí, es verdad.  Se está haciendo tarde.   Vamos te llevaré a casa, y luego regresaré a quedarme con Patchaï.  Quédate tranquila, Michelle...si ya has aceptado tantas cosas....

                   -Pero...aún así, estoy dolida con

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