"Camaleones"

verdad, hay oportunidades en que me desconciertas.

                  -No es desconexión, es certeza -he dicho yo, entre terca y convencida-.

                   -¿Cómo puedes tener la certeza de algo que no conoces, de algo tan “intangible”?.

                      -¡Ay!, ¡ya!, por favor.  ¡Déjame respirar! –le he dicho yo, en medio de un sollozo donde mis lágrimas bañan la parte inferior de mi rostro y Tonino ha recurrido a refugiarme entre sus brazos, suavemente, recomponiendo mi postura-.  Entiéndeme -he dicho yo-, aunque te suene descabellado es una expresión que viene de mi estado atemporal.  Después que aprendí a escucharla nunca rechazo sus veredictos, o casi nunca.  Y sucede que cuando los desoigo, me equivoco.    Hemos llegado al final de un ciclo, y ambos estamos aquí por amor a la vida.  No por compasión mal entendida, pena o dolor.  Es por gratitud a lo vivido!...

                -¡Cálmate, querida Michelle!.  Al menos saliste del mutismo, ¿no?, ¿no ha sido tan malo, verdad?.  Déjame inyectarte un Valium y te llevo hasta tu casa para que descanses.

                -Estoy bien.  No quiero que me inyectes.  Quiero estar lúcida.

                 -Es necesario que descanses, tú y tu sistema nervioso, si queremos sobrevivir al final.  ¡Déjame ayudarte!.  Ya que no puedo hacer nada por Patchai, déjame al menos, amarte, amiga mía.

                 -¡Gracias, Tonino!.  Si no fuese por ti, por tu ayuda, por tus palabras, por tu dedicación, ¿cómo habría podido, ni siquiera estar junto a él!.

                   Debo aclarar que Tonino era mi ginecólogo, la mano de cabalidad sexual que dio holgura a ese estado cuando conocí a Patchaï.  Él era su mejor amigo.

                  -Entonces, permíteme estar más cerca de tí.  Tú sabes que este vivir no resulta fácil, que aún y cuando aceptes tantas cosas, aún cuando llenes de amor  esas horas oscuras, tú sabes que cuesta digerir ciertos procesos.  Así que...¡quieras o no!, voy a inyectarte.  Sabes que estamos atravesando el umbral,  su fase terminal y necesitas descansar.  Mañana, te sentirás, por lo menos, relajada.

                 -Lo sé.  Está bien...¿Tú crees que valga la pena pensar en algo diferente al entendimiento?.

                 Silencio.  Sabía que lo que yo pretendía no podía contestármelo este planeta.  Jamás podría.  Ni en mil años de evolución.  No era mi sistema y estaba harta de perseguirlo.

                  Acepto la ayuda de Tonino porque yo no sé si podré terminar de enfrentar “alegremente” a lo que falta, y además las fuerzas se han debilitado, en alguna medida.  Aunque trato de mantener la serenidad,

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