"Camaleones"

cita textual, al otro lado de la línea telefónica-.

              Me ha bastado con mirar a mi alrededor y saber cuál sería el ¿final?, al menos de una etapa.  He podido sentir, al menos, una alegría exáltica al pensar que esa mente, entonces, en sintonía conmigo, liberaría todas sus historias; quizás y si, ambos, lo hacíamos correctamente, para la infinitud de los tiempos.  Me congraciaba, también, que él hubiese entendido que éramos camaleones aliados en evolución...que mientras durase ¡maravilloso!, en cualquier plano y terreno, si era necesario para concretar y sanar otros estados de ese atemporal. 

               Las lámparas encendidas a la una de la tarde no recuerdan solamente a los días lluviosos de Agosto.  No.  Por el contrario, son la única forma de iluminar esta estancia, donde la vida permanece cosida a una esperanza de transmutación.  Realmente, no hace frío, pero yo tengo que ir hasta el cuarto contiguo que alberga unas pocas pertenencias mías, y colocarme un suéter sobre la camisa aguamarina de hilos sedáceos, pues esa humedad se filtra más allá de los huesos, más allá de mí e intenta arrebatarme hasta la ternura que me invade...(¿Sería posible recuperar, recuperar qué, si todo seguía allí, en mí..?).

                 El silencio eterno ha sido sacudido por el sonido del teléfono, nuevamente.  Corro a tomar el auricular antes que el ruido despierte a Patchai.  Apenas se cumplen  dos horas de haberse quedado dormido y no quería, que por ningún motivo, fuese violada su tranquilidad,  (eso y la morfina constituyen la mejor forma de respiro y ausencia, o al menos, lo aísla  de la posibilidad de recordar, de ¿sentir?...a medias).  Volviendo a lo del teléfono, ¿saben quién es?;  es Tonino, que me ha dicho cuánto siente no haber podido acompañarme esta tarde, pero le había surgido un parto conflictivo.  Me ha llamado para decirme, que esa mañana, Patchai lo telefoneó a su consultorio solicitándole ayuda para celebrar mi cumpleaños, y prometió que después de eso, permitiría que lo internáramos...aunque yo sabía, que él se guardaba la última carta.  Un secreto que no había querido compartir y  yo creía acertar lo que pensaba.  Así fue. Siempre era así.

         Al primer contacto de nuestro amigo común, he querido llorar, soltar, y quizás, tentación de no sentir ningún tipo de sensación, al menos por un rato...¡y eso que trataba de dejarlas fluir!.  No es que me diera lo mismo o que no supiera qué hacer.   Todo

Páginas