"Ajenos, y ante el espejo"

de allí, hacía algún tiempo ya.  Pero, esto no es importante ya, salvo para recordar que allí no existían tradiciones, ni ataduras, al menos no palpables todos los días, sino por las que permanecían en el subconciente; sólo un campo fresco, aromático.  No habían alucinaciones aparentes, tampoco, a excepción de uno mismo, claro.  Pero era necesario encontrar el fin y el medio para deshacerme de tanta cadena idiosincrásica y liberar a los que me seguían, en lo que se pudiere... y no podía puntualizar mejor los hechos porque aún no tenía una clave precisa para identificar esas sensaciones, casi perseguidoras de otras dimensiones.

                    Urgentemente me viré de la posición en que me encontraba porque sentí la suave ilusión de que alguien me estaba observando.  Era Jo.  ¿Quién se podía llamar así, en una época tan dinámica como esta?.

                    El sol seguía su repunte y si bien éste seguía su ascensión hasta el punto culminante del horizonte, cuasi seguro de su  rumbo, yo, y después de una vida hecha, apenas, comenzaba a asegurarme que el rumbo no era nunca rumbo, sino tránsito.

                    Sentada en la mesa de mi enredadera casera pensaba en que mis hijas habían crecido tan rápidamente que no estaba segura de haber tenido el tiempo suficiente para enseñarles cómo no aferrarse a nada  de lo tangible, o a desligarse definitivamente de aquello que  confundíamos con reglas o que bien, creía reglamentarnos, confundiendo nuestro sentidos, o si les habría enseñado el verdadero roce del amor y la comunicación congeniadora. De hecho,  -pensé:  tengo que hablar más sobre todo esto con ellas- antes de que se vayan a hacer sus destinos.   

                     La cocina era vista por Jo como un granero repleto de anaqueles que se invertían, no sólo en domesticar el espacio físic sino en amasar las provisiones por si las situaciones críticas, -claro, que a decir verdad, en Venezuela, estábamos siempre con ese tema del criticismo político y la escasez desde el año 1987-.  En fín, retomando la cocina, les diré que a mí, me hubiese gustado que fuera más grande, más cuadrada, más clara; hábilmente diseñada para las horas que pasaba en ella, congraciándome, día a día con los nuevos menús que trataba de reinventarme para no cansarlos de lo mismo.  Aunque, a decir verdad, las piezas favoritas de la casa la constituían una  cálida biblioteca (que no tenía, como tal ) y el dormitorio.  Lo de la

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