Obituarios entre algodones,
mercurio cromo,
y vendas.
Hueco intra-terreno.
¡Alerta!,
¡protégelos! -¡protegéos!-
Han sido,
ellos, de nuevo,
los que han golpeado su
tu
puerta.
Han sido a ellos a los que le han arrullado estepas,
han sido ellos,
has sido tú,
y, ellos
ah-í
contigo, inventan quimeras, te roban sueños.
Tú,
casi inocente, no deseas saber que te están tomando el pelo,
y suave-mente, entre guantes de gentes,
de goma, de destinos
ahora, les dices:
Lo sé. Lo supe siempre.
Quizás, y..
lo sabré, el de mañana, también. AHora. Hoy.
Señores:
A los que fabrican las vendas,
los mismos del uranio, el colgajo, y el colgado
no hagan colgantes, ni descolgados...
no intenten ayudar,
queriendo solapar,
limpiar la sangre, el vómito de la quimio, y el fuego de la radio,
ni con gasas, ni con látex, ni con mesas-para-quirófano.
¡
Absténganse de sostener a nadie!,
absténganse de hacer creer que sostienen algo,
porque "ellos", nosotros,
los hemos sostenido a ustedes,
entre obituarios, mercurio, quimios y cuchillos amolados…
No tiene sentido, no lo busquen,
no lo creen
no nos hagan creer,
¡y no lo encuentren! porque no le darán validez.
El misterio es sólo uno:
La decadencia, la muerte,
y de nuevo,
generar eso que llaman: vida.
Caracas, 1995






