Huecos de asfalto,
sin soporte,
por piso,
presentes en los llantos incesantes,
huecos,
de humo, barro. Cloaca y estupor,
de mancha salvaje,
apuñalados de calle.
Rellenan, alguien, del gobierno, parece …
los huecos callejeros,
cimentados por el peso y el dolor de una ciudad destetada
huecos que no cuentan,
al final, aunque tanto se diga
ni la llanta salvada, ni el ego acontecido desde lo desacontecido,
ni la ilusión pretendiente, ni el hombre pretendiente,
ni la mujer
conquistante,
valen tanto como un hueco y su tapa.
Pareciera que el precio del asfalto,
aventajara las pisadas, los tránsitos.
Así, para que nadie
intente a arrebatarles,
lo que creen les fue legado.
Derechos derruídos que sólo se convierten en otro hueco,
sin relleno,
¡y donde el relleno sanitario es la única salvedad posible!






