Verdades Suplantables

  Ten presente, como una de las mayores consignas del camino iniciático, que cada vez que tengas en tu mano o creas ser portador-a de una gran verdad, desde tu palma, aunque creas saberlo todo, casi todo, y la sientas como tal, aún así, es tu obligación hacer un esfuerzo por  constatar que, realmente, es o estás ante una verdad.  Generalmente, cuando esto sucede, es decir, cuando se presentan circunstancias que no son suplantables por identidades falsas, encontrarás fuerzas en oposición que querrán tambalear esa premisa, ese conocimiento.  Esta cadena de invariables hechos tastrabilladores, es válido, también, y parte de no creernos todopoderosos.  Si, al tener esta verdad en la mano, te encontraras en el dilema que pasan los que la conllevan con ellos, en su puño acelerado, como si estuviese buscando una perilla de boxeo para en-tortarla; observa primero, el camino de quienes van transitando en medio de su mentira y observa qué puede pasar con ellos, si los ayudas a reconocer la mentira, a enfrentarse a la verdad, si no estuvieren preparados para ello; a partir de ahí, decide que hacer con tu verdad tan absoluta.   Las verdades son parte de la experiencia personal e individual del que observa su causalidad como una cadena de hechos que se conectan y desconectan tan instantánea como deslastradoramente,  que nos agarra por sorpresa, o nos asusta, o nos pone de mal humor; pero lo cierto es que casi nunca nos atrevemos a divulga esa verdad porque la vivencia, el conocimiento, de alguna forma, no quiere ser destronado.  Si esto fuere así, y no se tratase de intereses egoístas donde la acción no buscare sólo complacer un capricho, u obtener una bienhechuría de carácter emotivo, psíquico o material,  importando los activos-pasivos del otro, entonces, eres aún más susceptible de vivir esa circunstancia y más vulnerable ante tu auto observación. De hecho, a la mayoría de las personas, no les gusta el término verdad, desde adentro, sino sólo desde afuera, pues de otra forma les implicaría aplicar el ejecútese a sí mismo demasiado frecuente y exhaustivo y menos exigente hacia el otro.

Ilustraciones: Tom Colmens
Es sabido, por los cuentos que todos nos han narrado nuestros abuelos, que una verdad puede destruir el camino de una vida terrena, o cuando poco marcarlo o minimizarlo.  Si diciendo esa verdad,  destruyes a una tercera persona, no actúes a ciegas. Estudia las salvedades, que a veces, otorgan mucho más que el fin de la verdad; pues en algunas ocasiones, esta se utiliza sólo para intentar limpiar el corazón y las hazañas de la culpabilidad de ser “confesionarios del tiempo”, pues, es verdad, que muchas veces, estamos en las circunstancias por mera y absoluta coincidencia de esferas.
Mantén en ese puño tu conocimiento y la visión de lo salvable, y la fortaleza, para aplicar con destreza soluciones a lágrimas que, quizás lleguen, sin haber sido tú ni el ejecutante ni el dilucidador.   No es necesario espera por una revelación  o un tiempo  adecuado.  Los tiempos nunca son los adecuados, si dependen de lo que tú piensas es la forma fluida de hacerle frente a la circunstancia.  Depende de cuánto tú estés a sabiendas de tu rol y de la importancia de cada situación individual, y además, en capacidad de otorgar las herramientas o los soportes para que el doliente, pueda solventar su deuda, para ese momento, contraída  con lo hiriente.   Da espacios, espera acercamientos; pero no esperes que te sea revelado un tiempo particular benefactor. Si, callando esa verdad destruyes tu propio camino de vida.  Asume el reto de generar un punto intermedio, busca dónde están los puntos positivos para las partes involucradas, las líneas convergentes que podrían subsanar el dolor, la pérdida o el desligamiento, en el caso de que se exprese porque sino será difícil levantarse exitosamente de allí.  Si no existiere punto intermedio con los otros, genera ese punto contigo mismo, y empieza a comportarte como un subsanador (silbador) de tu propia experiencia. Ten presente siempre, y recuérdaselo a los que estén a tu lado, que tu vida es tu prioridad, porque sin ella no podrías gestar nada benéfico; de la misma manera que la vida del otro, es la prioridad de esa persona.
La verdad siempre es utilizable en los contextos, de una u otra forma, aparte cuando nos retamos con ella, nos engrandece, nos flexibiliza y nos hace comprender las limitaciones de cada uno, del juego, del sistema.Desde ahí podemos jugar con menos presiones interiores.