Habana Eva

Viernes, Octubre 1, 2010

       Nos encontramos aquí con una co-producción entre el cine venezolano, cubano y el francés para dar vida a una historia ubicada en la Habana contemporánea, refiriéndonos a simultaneidad con el tiempo presente (2010), por un lado, y por el otro, nos refleja la arcaica ciudad matizada en el sin tiempo de una etapa perennizada, como también nos conecta con sus elementos a través de una coexistencia informal, casi casual, pero permanentes, y que ya no son ninguna novedad ejemplar o desconocida para los colectivos mediáticos, si hablamos, -ya, nada más ubicarlo en el contexto latino, y además de marco comunista- en su cuento torrencial de emancipación del llamado imperio yanqui- con o sin justificación-.

       La cinta, dirigida por Fina Torres y co-escrita con Jorge Camacho y Julio Carrillo nos pasea por este submundo de sueños latentes en todos los individuos, los cuales se traducen en mayor o menor grado en sus sociedades habituales. Interpretada por Prakriti Maduro en el papel de Eva, quien nos lleva de la mano a través de dos grandes premisas que constituyen su vida: Ser diseñadora de modas y casarse; mientras, de forma casual, sin distinciones, miramientos o escondrijos sentimentales nos acerca a la herencia sesgada, militar, empañada de rojo y verde, que sigue habitando a Cuba, a sus senderos, a su inmenso problema habitacional donde la gente vive hacinada; literalmente, "encajada en una especie de claustro", el cual no posee nada de religioso o espiritual, pero sí de malévolo, ocre, enrarecido en sus paredes, donde se deja sentir el olor al óxido del orín bajo el sol de mediodía, un lento suicidio de las expectativas que permiten al hombre un progreso constante, creciente, o hiperbólico.

       Eva, es una chica, de piel canela y origen cubano, de unos veintitantos años, situada en el centro de una familia de clase media, y que residen en una casa unifamiliar desde antes que llegara la revolución, por eso algo más afortunados, pero no por eso menos acoquinados, no en su ánimo, sino en su escarapelados sedimentos culturales y económicos. Sin embargo, la figura de Eva, se nos presenta como dulce, sin apetencias ligadas a la carestía, un tanto ingenua en el amor, sin temores subyacentes, con temple para maniobrar los asuntos sin cotejar, y, a su vez, prácticamente sin contaminar, cosa un tanto difícil de creer cuando se crece en dichos ambientes. Sin embargo, siempre existen esos pequeños porcentajes que desafían a las mayorías, las cuales se rigen por estándares, y Eva, sólo por una actitud fresca, pero definitoria y desafiante, logra ponernos de cara con el reto. Esta es el prototipo "heroico" de la mujer latina.

       Julio (Juan Carlos García), es un joven de origen cubano, quien sus padres sacan de la Isla a los seis años, en uno de los momentos álgidos que vive la revolución en Cuba para llevarlo a tierras venezolanas y darle unas nuevas opciones de vida. Empero, Julio, crece desapegado de la nueva tierra, y siempre lleva un sentimiento romántico de ensoñación y exilio, no muy entendido y poco hilado, con respecto a su tierra natal; sin embargo es el eco de su personaje. Aunque, no se hace legible ni patente, pareciera ser una especie de empresario familiar, con pasión por la fotografía con foco constructivista, quien viaja a Cuba para  verificar el estado en que se encuentran las propiedades dejadas por la familia en su partida al exilio.

        Fluye, como es previsible, una historia de amor entre los protagonistas, que a pesar de ser un eje angular en la historia, no lo presenta como su objetivo central; pues, la cinta establece un trío amoroso, el cual parece transitorio; y sin embargo define a la historia como una protesta contra el rol femenino de asentarse en un matrimonio "patrón", como los usuales, donde la mujer es definida por ese marco social y un hombre. Esta conflagración, y a su vez, convergencia de sucesos espaciales en un mismo tiempo, se debe a que la cinta explota muchos elementos artísticos y de pensamiento, no fortuitos, enlazados de forma jocosa, irreverente y en algunos puntos hasta se diría que confeccionados místicamente, pues todos los hilos, incluso los sorpresivos, parecen estar bien meditados en su esencia y asentados con la idea de dejar en el espectador un sabor a libertad, a posibilidades, a elecciones, a riesgo, a atrevimiento, más allá de las intentos sofocados.

       Carlos Enrique Cruz, como Ángel, en el papel del novio de Eva, trata de evocar al joven latino, domesticado por la conformidad, sin mucho preámbulo para atisbar y encajar en la zona femenina, por lo que no le brinda a Eva un confort interior, circunstancial ni sostenible de los sentimientos y de la relación en sí; lo cual forja en la protagonista un sentimiento de búsqueda referencial que marque la diferencia, que la saque de lo conocido.

       Yuliet Cruz, en el personaje de Teresa, encarna a la mujer sin demasiado apego a lo material, sensual, amiguera; emanando rugidos circenses nos hace reír, contemplar a la vida desde un ángulo espontáneo, y que aunque no pareciera denotar mucha inteligencia lleva implícita una dosis de ingenio para enfrentar y solventar el día a día con cierta ecuanimidad y ligereza, que se maneja fuera de los marcos convencionales, con un espíritu alegre, cálidamente latino, pero sin perder de vista los objetivos centrales de vida hasta su consumación. Propicia, también, Teresa, el estandarte de la "comunicación con el más allá", en un propuesta que hace la película de mirar más allá de lo tangible, y lo cual, nos lleva a esbozar una sonrisa subrepticia. Nos hace estirar las comisuras hasta llevarlas a la risa, a ser cómplices, en una tentativa soberana para sobreponernos a todos los obstáculos, a ganar todas las batallas… ¡¿como si fuera posible?!

        Debemos citar que la música, bien escogida para los efectos circunstanciales, expone, en algunos encuentros, el rol de la mujer como objeto sexual en nuestra sociedad; lo que lamentablemente persiste en muchos lugares del mundo, aún. La fotografía, en general, es bastante limpia, definitoria, y exacta; aunque se pudieron haber explotado otras aproximaciones, otros marcos para no caer en el exhibicionismo de la protagonista, per se.

        Así mismo, la cinta nos deja con una mirada hacia la sincronicidad de los tiempos, a la evolución en el pensamiento de las sociedades activas, lo que las diferencia de las pasivas, lo que genera un mercantilismo y un socialismo excesivamente conservacionistas; y cómo nosotros, las sociedades conformistas de cada país, definen y defienden su núcleo de interacción, de actividad y proyección, aún dentro de ciertos márgenes románticos, tenores de estos: la imaginación, los sueños heredados, los ideados, y los conquistados; los territorios ganados.