Tributo a India

Tierras lejanas, a donde hemos nacido los que vivimos o habitamos Occidente, como si de líquidos intersticiales estuviésemos hablando, tierras ajenas para muchos donde lo que se conoce no pasa de ser un nudo indescifrable e inmutable, infinito, que se mueve entre la pobreza, la explotación, la prostitución, el trabajo sobre exigido por pocas rupias, los matrimonios arreglados, las niñas destinadas a casarse sin conocimiento de causa ni veteranía alguna con hombres que conocerán poco antes de la boda; pobladores donde los defectos genéticos pesan sobre caminantes, trabajadores explotados por cadenas comerciales de "marketing" mundial, dentro y entre todo eso el hindú siempre mantiene una sonrisa genuina, una gentilidad y un sentido del trabajo digno y de su lugar en la cadena, que sigue transitando tratando de resarcir lo indigno con su propia dignidad. Otros, han ido y se han enamorado, y otros no podían sino avistar el día de montarse en el avión que los llevaría o traería de vuelta a la "civilización".
     Hay otra gente que habla de los olores que se desprenden de su suelo, del incienso infinito cada vez que se aproxima un santuario, un templo, por doquier a tenencia. De su mezcla, de respiraderos sin nombre. De la cremación en Benarés, en el Ganges, donde mientras unos se bañan, o se purifican, o cepillan sus dientes, otros son guiados hacia el ultra mundo.  Algunas veces ratas corren cercanas a tí, por esa acera que enmarca al río mucho antes del amanecer, despistando los pies de los extraños, o los tuyos propios mientras tratan de montarse sobre un escalón o cualquier base más alta que eso, sus propios dedos de las extremidades inferiores, y con los cuales deambula por esa tierra.  Se desprende olor a curry, a grasa frita, a ceniza, a flores pespunteadas por el sol, a calor seco, a incienso, de nuevo, los sadhus en franca abnegación por la iluminación, constriñendo su cuerpo a niveles inimaginables. La danza sistémica del pueblo, del Universo, integral, el sentido del sonido mezclado con los desprendimientos, con las obtenciones, las vueltas del baile apasinado, pero sosegado, los tambores, los címbalos, las cítaras.  Es el final y el principio del mundo o de una visión del Universo en un solo sitio.  Es él mismo luchando en su trimurti por ser, deshacerse y rehacerse.
Entre los hindúes las condiciones de vida se encuentran marcadas por el sistema de castas que marca su religión, el hinduísmo.  Cuatro, son las principales, y desde donde se generan esas grandes divisiones que los restringe a labores y vivencias. Aparte de dos pequeñas vertientes, que no son muy extensas, denominada, una los intocables y, otra, los invisibles.  Sin embargo, hoy por hoy, muhos hindúes siguen la religión católica o la filosofía budista, que no amarra a estatus social, sino a leyes de renacimiento y muerte en una rueda de evolución o de involución, a concepto de causa y efecto, y con lo cual se desmitifica un particular orden al que cada uno deba pertenecer, es decir, la casta, o clase social, a la que se hubieran tenido que atenerse, o bajo la cual están regidas los demás preceptos sociales. Lo más irónico de esto es que el sistema de castas, en principio se debe, a la invansión aria y autodenominados arya, quienes fueron, en realidad, los que impusieron una segregación racial mediante rígidas leyes  de índole religiosa para evitar el mestizaje con la población aborigen que los superaba en número, cosa que lograron en gran medida durante 900 años, que es el tiempo que duró la civilización védica. Así, las castas bajas tienden a ser de un tono de piel bastante oscuro, mientras que las castas altas, portadoras de más sangre aria, son de piel más clara y, en ellas, abundan más rasgos europeos.  Esto la define como una suerte de lugar en donde la fuerza es simplemente de "tensión superficial", difícil de entender, convocar, repetir y colectar.
Pero el marco de referencia sirve sólo para estructurarles el contenido de la vida en India, para unos tan compleja, indefinida, pobre, y para otros -como yo-, tan diversa y colorida en su interior energético que lo que puedes oler en cada cruce es un sándalo puro rodeado de juegos inocentes perseguido por diablillos maquiavélicos que se trenzan con los  Dioses y Diosas representativos de los poderes y funciones de un sólo Dios originario, Bhrama, y que sostienen el interior de esa tierra con una nobleza intocable, una belleza indescifrable que se mezcla con las sedas de sus saris (mujeres) y los Dhoti, o en el norte, la llamada Kurta, denominaciones para la prenda tradicional masculina, o las telas vaporosas que se vuelcan en el aire haciendo formas con él. Tiempos recurrentes que no se repiten aunque los veas pasar delante de tí una y otra vez, casi iguales, parecidos, similares a la similitud, pero diferentes a la indiferencia, a lo diferente.

  Todos los países que nos contienen en un momento determinado, o por mucho tiempo, son un pedazo de nuestra historia, de nuestra antología individual y de nuestros agradecimientos, desazones e instancias recurridas para ejercer actos porque hacemos vida en ellos, con ellas.      Este pedazo de contexto con un entorno definido que no deseo tenga muchos márgenes de referencia específicos, es un tributo a India.  Pero, antes de continuar con el tributo, debo decir que las tierras que me han abrazado, que han sido unas cuantas desde la infancia, pues he salido de Venezuela -mi tierra de nacimiento- para "pernoctar" en otros espacios y entrado más de las veces, -desde que tenía siete años-, que hubiese pensado que sería razonable, como lugar de residencia, me refiero.  Después, pensé que no me quedaría, después que sí.  Después que habría un después.  Ahora, que, quizás hay un mañana, no se sabe nada de mañanas, es decir, menos que nunca.  Y a ella, tengo que agradecerle miles de experiencias físicas que trajeron más sueños, más desilusiones, contrastes, juegos, intemperancias, pasiones para construir, gente hermosas, matrimonio, hijos, divorcio, nuevamente sueños,  "wa-wa-wa" es wa-chi-wa-chi, o lo que es un "wishy-wachy" -cuando nadie encontraba nada a algo, y eso fue lo que me dijeron de los falsos positivos, testificados varias veces,  además, cirugías- y duelos medianos y otros largos.      Así, también, dejaron su huella, los otros recodos del mundo, España, Italia, Costa Rica, Inglaterra....y por supuesto vayamos, regresemos al tributo, de vuelta a India.          
      India es...todo lo demás de todo eso.  Al principio es como el amor terreno, luego como el amor sublime que no tiene que ver con el platónico, y al final es la pasión de ambas energías en un solo núcleo.  Te quita el sueño, o te hace despertar en la madrugada sintiendo que tu otro pedazo te llama, que quieres saber lo que no sabes, conocer sus rutas, sus calles, sus dolores, sus gentes. "Quirtarles las tristezas". Salvaguardar-se. Luego, se convierte en ese todo, que es lo demás de todo eso. Es el sueño del respiro que se puede autenticar, es la vibración de lo atemporal, es reconocer el "Free Tibet" desde lo ancestral. Son sus tambores, la fuerza de sus espíritus, el trabajo con las manos sellado con el alma, la desazón de un "karma" asumido pero defendible con los brazos y la conciencia, no con la mirada, solamente. India, es el mundo que nace de lo no nacido, el Universo manifestándose constantemente como en un sueño iluso, ilusorio y desmembrado que se cohesiona solo, sin que nadie sepa cómo. La "sal de la tierra", esa higuera bajo la cual se iluminó Sakyamuni Gautama en Bodhgaya, y lo convirtió en quien hoy conocemos como Buda.
Acaso, India, sean "sus Dioses", su mágica sílaba, Om, desde la cual se origina con su sonido la explosión del momentum, sea lo que este sea.  Simplemente es.  India es lo que me ha permitido colecionar más sueños dentro de los duelos, es la meditación asistida y con abordaje, aunque muchas veces sin permiso "real" de abordo o sin "boarding pass", es intentar ir más allá de lo posible, apuntar por eliminar esas perturbaciones y encierros que sustraen contenido; así me ha tocado ejecutar muchas veces, pero al mismo tiempo es lo que me ha permitido hacer "templanza" con las emociones y con el tiempo, a veces detenido en un sin tiempo inexplicable por lo explicable.  Entender los silencios, escuchar mi corriente y las de quiénes se agarran a la mía, por ciclos, encontrarles un sentido sin llevarse lo valioso por el medio, delante o quedarme atrás, del todo; ha sido como si India hubiese jugado a ayudarme recorrer y franquear lo que traía en algún nivel.  Maximizarlo, aún cuando, a veces, nazcan dudas en los sortilegios apostados, y aún,muchas veces, sabiendo, que sería imposible evitar salir "herido"...amor, de nuevo, no -condicionado porque se hace lo que se tiene que hacer por mejorar algo en algunos corazones heridos.  Sostener un principio antes que se extiga para que pueda volver a flamear.    Venezuela me vió nacer, me dió la vida física y sustentos, muchos. Me sigue dando. Especiales. Me extrajo muchas otras. India, me vió y me dió la posibilidad de expandir la conciencia, me brindó calor, ternura, pasión para sostener la conciencia absoluta, me abrió el paladar a otros sabores, me permitió estudiar y trabajar con la verdad de la gente en "karma" sostenido, según creencias, con niños donde la violencia no existe a pesar de pobreza ruda, o de otras miserias, donde los hospitales parecen un sueño titilante rehecho para generar soluciones en un mundo que lucha por mantener tantos habitantes, mujeres que pican piedras agachadas durante horas, descalzas, para hacer carreteras, otras buscan agua, también con sus pies descubiertos, a través de depeñaderos.  Hombres que muerden polvo, van en rickshaw (vehículo de tres ruedas), autobuses veloces que no paran y van atestados.  Nunca he visto conducir como en India, desparpajo y caos ordenado entre sus mentes, solamente. Se cultivan las tierras infinitamente, pero sobre todo, se cuida lo que se hace y se siente lo que se da, como debería de ser.  Se cuida lo que hay que cuidar, desde que se sotiene hasta que se suelta por libre decisión, intención común o evolución. Es amor no condicionado, que nada tiene que ver con lo llamado incondicional y que es utópico. ¿Podríamos entender esto en la cotidianidad, y en Occidente?. No vamos a tocar el aspecto financiero ni comercial que es necesario y similar en todas partes del mundo, aunque tienen sus diferencias.

India, me permitió fusionar y entender qué hacer con la experiencia y para qué usarla. India no domesticó per se el espíritu, indomable, quizás, en su búsqueda, pero lo asentó en un trono sin metales ni piedras preciosas, sólo para recordarle, y recordar-me/le a mi ego, al resto de mi, de dónde provenía y, cómo irse, cuando tuviera que hacerlo.  Con dolor, muchas veces, pero con causa sustentable para el efector.     India, me dió la gran enseñanza de mantener el cuidado sustentable sobre lo sutil, lo impermanente y lo reconocido más allá de lo que ya habitaba mi sangre espiritual.  Me terminó de convencer sobre el poder significante del significador de retar a la "línea invisible", inexistente, pero estimada, estipulada, sobre lo humano, lo divino, lo profano y lo sagrado.  Sobre el todo.  Sobre la Nada.      India: Por encima del Todo y la Nada: En yuxtaposicón con el cielo emergente, es conjunción de lo Atemporal sobre/con lo Temporal.
India: Amor No-Condicionado.
India: Vida sin secuestro de la Conciencia.