A Desenlace Por Referente

Miércoles, Septiembre 17, 2014

    Según tamaño y consistencia, las cosas cambian de nombre. Por mucha publicidad que se le de al vino tinto, al champagne o al cointreau, a la hora de la comida en la mesa, sólo el estatus de familia o de concenso, de lo contenido como familiar es lo que sostiene a lo insostenible, a lo in-contenible de lo vivenciable en lo cotidiano. En un lecho compartido, a veces, lleno de amor, otras de desamor, y otras tantas de pausa serrera entre amor, pasión subterránea pero coterránea, y otras veces, catastróficamente enfríado no a causa de una re-vuelta sino de programarse lentamente por demasiado tiempo en lo cálido como si fueses a una biblioteca, en vez de tener una biblioteca, y sin hacer puerto, que es donde se van pasando los años del silencio y de la locura andante de los sueños a edificar. Se han tenido, se han muerto, se han..se han...pero nunca re-tenido, se han tenido amantes siempre desenlazados de lazo alguno, sin formar parte de triángulos, círculos o cuadriláteros; se han tenido amados, amores, constituyentes, una sugerencia de triangular por convergencia sumatoria, interna y manifiesta, espacios abiertos, cerrados, instructivos.    

    Dejadeces, suaves corrientes, empieces y lunas. Soles postergados, años de sonetos, risas soslayadas y escaleras de humo. Se ha tenido y por dejar de tener, se ha querido dejar de tener. Lo imperdible ha sido lo perdible, como norma u obligación referente.