Las Caperuzas

Lunes, Junio 30, 2014

 En las profundidades, o en las superficialidades de los flirteos, de las artes de la seduccción, de los encuentros entre lo amoroso y lo juguetón, no todo es efímero. Puede hacerse de ello un juego o un compromiso de instrucción, pero nunca será portátil, pues se emanan sensaciones, humores, sentimientos, emociones que prenden las almas, cosas ocultas que codifican y las cuales, muchas veces, no leen quienes tenemos tan al lado sino quienes huelen el fuego de otro tipo de ofrecimientos.
    Los momentos marcan miradas, resuenan sueños, se calientan los hornos, se escogen palabras, íconos, mensajes sublimes, todo y nada, permanece dentro de una liviana o pesada mochila, según sea la emocionalidad del soñador, del ejecutor, y del señuelo o "vara activa", según sea el caso. A veces, sólo se pretende jugar al "lobo domesticado" con una Caperucita que se quita la capucha, desde el principio, que cuenta sus capacidades, su encuentro con lo posible porque hay una mente con una particularidad escénica y proyectiva y como para que desde el principio no haya susto ni huída, al menos no por eso. Otras veces, se le deja ser, que pretenda el lobo, pretender a esa Caperucita, esa que deja al lobo venir a "ferocear" por su puesto, y se le permite dar vueltas en círculo, hasta que él mismo se agacha para morderse la cola porque no encuentra el fin ni el principio del círculo. Entonces, se asusta y se atiborra de cuevas desabastecidas, así que nada de lo jugado le sirve a la Caperucita, tampoco al lobo. Ni siquiera si la Caperucita no quiere jugar a la casita, ni a papá y a mamá con el lobo, sólo a ser Caperuza sin capucha. Ni siquiera si el lobo le cuenta que ya hay loba, lobeznos y cueva-s después del candor, y Caperucita le da libertad de escoger saber qué hacer con su cola. Ni siquiera si después de lobo y Caperuza hay un túnel a otra esfera.
     Como les duele demasiado morderse su propia cola, terminan los lobos marcando a las caperuzas, y cuando estos resultan heridos, ¡encima viene la Sociedad Protectora del Lobo Ibérico, y qué porque están en extinción!, a protestar por las heridas y daños causados a la especie.
    ¿Por qué no viene un entrenador a explicarle a/los lobo/s lo que valen "las presas" que son libres y escogen ser "presas" por un rato -no pa' siempre, o pa' mientras tanto o para tanto- sino para demarcar vida, para determinar un contexto e indeterminar un estado de soledad subyacente, no reconocible abiertamente? A veces, se convierte en máxima de amor. Y ya ninguno gana. Ambos se pierden, igual. O se vuelven a encontrar, después, en algún punto.
   Al final, las Caperucitas se colocan la Capucha y siguen camino, ya no con la posibilidad de reencontrarse con el lobo, ni de ofrecer más sueños al lobo; tampoco para ocultarse.
El lobo pretende que Caperucita lo conmute siempre, le de amnistía, pero ese no es el rol último de ella; quizás lo sea el de la loba de casa. O el de ella, mientras quiera jugar a comprenderlo. La Caperucita es un valor agregado para el sueño del lobo, y lo que no se aprecia en extensión no puede ser tomado por el Canis Lupus simplemente porque esto se le escurre, ella se desvanece dentro de su capa, haciéndose a sí misma invisible, para no ser vista de ese modo más. En su capucha mantiene sus poderes adentro, muy adentro, como lo ofrecido, para no dejarse llamar más, por el aullido del lobo lejano, para, para, para... mantenerse ella misma visible e invisible hasta un próximo sueño a destajo de la Caperuza sin Capucha.