Interruptor Y Bombillo

Sábado, Abril 19, 2014

    Como personalidades contundentes de este siglo, que pretendemos ser -algunos lo son por definición circular, genética, de cuna o de encumbre- pero, nos siguen abrumando las mismas situaciones conformadas de a dos, que por casualidad, nada más son las que han estado en este hito del Universo por los siglos pasados, intentando, pretendiéndose, entender el uno al otro con el mero objetivo de no morirse en el mismo punto en el que nacieron, y como si tal, o como si no hubieran existido antes, como si quisiéramos encontrar el secreto de la alquimia de a por dos intentamos el reto de compenetrar juegos.  Que al verse pasar uno al otro se prendan del movimiento ondeante de las cinturas de los representados y olemos el aire del otro.  Que dejamos de respirar nuestro propio invento para inventar el invento del otro, aunque no sea  totalmente verídico o aunque siéndolo, pudiera llevar algunos cabos sueltos, pero intentando generar y gerenciar un contenido.  Queremos alumbrarnos y empezamos, como si de luz eléctrica se tratase, a darle al interruptor con la pretensión, que en el encendido todo se aclare, se sobrevenga o se acomode a nuestros pareceres, acciones o hechos de facto.  Pero, no es tan fácil.  No somos bombillos prendidos a un sócate, por lo que no es cuestión de accionar el interruptor y la luz se ha de convertir en el/la a-lumbre de lo oscuro.  Somos la llama potencial, no el interruptor, somos todo lo que va por detrás, por debajo, por encima, lo que se entremezcla, lo que recorre el medio.
     Y uno ha dicho, que es como se quisiéramos inventar algo nuevo, pero en verdad, ya todo está inventado.  Lo que inventamos son nuevas re-acciones a las acciones moleculares correspondientes con lo intereactuante, si las conciencias se alinean y lo permiten.
     Para el tema de las "lunas", de lo oculto, de las amantes, de los celos, de los círculos profesionales de competitividad, de los triángulos, de las "libertades y los espacios", en todo compromiso, algunas cosas son o se darán de forma tácita, y otras serán negociadas, unas son impresas y otras comprensibles a otros niveles, para los xxxx existentes...de lo que separa en vez de unir las ondas que se congregaron en un punto determinado, y que piensan en seguir el roce de lo convencional, de lo prohibido, de lo silenciado, o de lo domesticado, de lo manipulable, de la montaña rusa, es impresdindible saber que no todo puede ser verificable ni acontecible, que tampoco, en todos los casos resulta parecido a lo conocido, y definitivamente, que no en todas las interacciones esto funciona linealmente, de lo que hago acuse de recibo; y el tema de ser "exiliado" de las conjunciones sin previo aviso, en medio de la vertiginosa empinada, es confuso para las almas gestadoras y comprometidas.

  Los llamados "sincericidios" parecen provocar en el alma del otro un convenio de incovenientes, generalmente.  De acuerdo, no todo es un punto  necesario de magnetismo a ser encontrado o contado -esto dependerá de la madurez de los conformantes y de lo que deseen compartir-; sin embargo, cuando las relaciones caminan silentes en medios donde los símbolos y los sonido, los íconos de todos los tiempos son la pauta que contrae la distancia, y son, ademá, los que cuentan las historias por granel, donde se han cuidado los pasados sostenidos, donde hacer el amor con el alma, literalmente, es el primer punto de conectividad existente para sentirse "reales" y no un producto de la sintaxis imaginaria o canalizadora de alguno de los dos, un espacio único en donde ambos se sostienen en todos los estados, y es, también, lo que testifica aquello que une la corriente al interruptor, pero entonces, la confianza y el llamado tiene que ser bidireccional, la entrega correspondida y el gesto para continuar, unas manos abiertas que sigan deseando mantener el ritmo si no es casi imposible para una de las dos partes, la que está amarrada a la inacción del momento, continuar creyendo en que su corresponsal desea mantener una comunicación de sueños, de anécdotas, de posibles construcciones.  A veces, puede no ser la acción, propiamente dicha la que desvirtúa sino el cómo lo que segrega el valor del tiempo compartido.
      Siempre, en una relación de a dos, de pareja, habrán cosas, que uno de los dos no podrá darle al otro, no querrá o no estará dispuesto a hacerlo, está en ellos la comprensión de saber-se, de re-conocerse, de entender si lo buscan en otros tiempos, en otros lugares, en otros espacios.  Está en ellos, también, no comunicar estos puntos.  O está en ellos definirlos; pero mientras más conscientes sean de las necesidades del otro, de los sufrimientos reales de su otro yo, -de ese tiempo- y de las posibilidades de acción, seducción y flexibilidad entre ellos, la luz de la bombilla será más o menos potente.  Extinta.  O resurgente.
        Lo que hay que mantener en el vínculo es la posibilidad de resurgir siempre. Para eso, cada quien ha de tomar su responsabilidad, su sabiduría y su capacidad de perdonar las aflicciones que ambos se procuren en momentos de tormentos, que no faltan ni faltarán a lo largo del camino. Eso es un vínculo vivo.  Para eso es la comunicación y el amor.  Para resurgir de lo más hondo o de lo más extralimitado a un tiempo con contenido.