Persiguiendo al maíz pilado y empacado

 Se sube el telón de los Supermercados, en Venezuela:

 ¡Apareció la Harina de Maíz Precocida!

 Comenzamos por meter a "grosso modo", -entre unos cuantos empujones y un "yo estaba primero", más otros contrapunteos de la especie como abrazos no pretendidos y patadas intervenidas-, en los carritos, tres paquetes de harina por persona, o lo máximo que permita la regla del establecimiento ¡y que, -de nuevo- para no caer en acaparamientos!.

Mientras tanto hacemos que vuelen mensajes en los teléfonos avisando a todos dónde hay el susodicho y codiciado elemento, en qué anaqueles se encuentra o a qué lugar se irá después la Invencible Harina de Maíz; vueltos medio locos entre el carrito del súper, la harina, los golpetazos de todos, buscando lo mismo, -¡qué cosas, tenemos!, que nos creemos tan diferentes y no vemos la pintura completa: que la búsqueda es una sola y la misma- qué vuela, que se va, se termina; alguien nos llama, en ese instante cegador, preguntándonos:

- Epa, panita, ¿qué tipo de harina hay, “la verde”, la “amarilla”, la integral?, ¿marca P, J o X?; y si mi expresión facial se pudiera ver por el teléfono, entenderían que yo no querría decir precisamente: ¿Qué dices? Como minimo, diría: ¡No, hermano!, pasa que no, no la hay de anís, ni de orégano, ni de… ¡la puta madre que...!

 ¡Circulen,  señores, por favor, circulen!…

 El lejano sonido del corte del teléfono compite con el de las cajas ajustando cuentas. Y más cuentas.