Exiliados-Expropiados-Expatriados

Domingo, Agosto 16, 2015

Creación -en castellano socialista y bolivariano- de lo que Es un Club Anti-Socialista u Oligarca, según.-

E(3):  Exiliados-Expropiados-Expatriados.

Connotación: Inhabilitado

Situación actual: Vigente

Todos nos hemos preguntado: ¿y al final del cuento, será que ciertas condiciones aplicarán para los ejecutores?; y ¿qué quedará para los mal avenidos, para los ejecutados, y para aquellos que funcionaron como señuelos de ejecuciones?, ¿qué resultará? ¿Y los otros, aquellos que resisten sin formar parte cognitiva del proceso sino como un aditivo de o a éste?… ¿y los que observamos y trabajamos, consciente y progresivamente en medio de todas las tendencias y colores, sabiendo lo que queremos y adónde vamos, y que sin embargo quedamos atrapados en un bote sobre el cual amanecemos, y que amanecimos con ganas de anclarlo, pero donde se había roto el timón y le habían sustraído el ancla, además no por sorpresa sino por indolencia?

¿Qué pasará, en definitiva?

Mientras tanto, ¿formaremos parte de un mismo segmento: UN CLUB ANTI-SOCIALISTA?

Internamente, externamente. 

Seguiremos viviendo. 

¡¿Hacemos el Club?!

Se aplicarán como requisitos para integrar al Club: Los intervalos entre una noticia y otra, los apuntes registrados bajos las cadenas televisivas, los desprendimientos, los hechos atroces, las ilegalidades o ilegitimizaciones, las contrariedades, las negociaciones sin siquiera posibilidad de corrección a través de la fe de errata, cavilaciones oscuras, idas y venidas de los genios venezolanos, las muertes y las sandeces, las escaseces y las inteligencias encontradas y habiendo sufrido hurto a la propiedad intelectual, interrogantes y acciones acalladas!... y, después de todo ello, inevitablemente, tendrán que aplicar: los renacimientos. 

Se aplicarán, pues, ciertas condiciones perdidas, eludidas, intervenidas, desencantadas y, entonces, resurgirán las posibilidades de recomenzar, de abandonar a la desolación del Club Intervenido, expropiado, expatriado y exiliado por nosostros mismos, además. Los mismos que formamos parte del Club, y los excluyentes, los excluídos. Esa es siempre la premisa de la esperanza y de los desatinos. Válida, necesaria y obligante, pero disfuncional.

Recomenzar ¿qué?... ¿y mientras tanto qué?

Mientras tanto pareciera ser suficiente con unas cuantas Aves Marías, rosacruces interventores, visualizaciones, o luces universales, que por doquier, eleven y transmuten la situación pesante -o así lo quieren creer algunos- como sueño de recuperar el timón del barco, y montar en él a todos los integrantes del Club Anti-Socialista, a los excluídos y excluyentes, para traer-los, traer-nos de regreso, como si viniéramos de Higuerote, después de un día de playa sabrosón, tras unas cuantas cervezas frías y las empanaditas de cazón.

Pero, no.

Señores, señoras y público en general residente en Venezuela; hay más. Estemos o no en el país, ahora. Hay más. Somos un residuo, una resistencia, un residente, un emigrante.

Por lo que esta vez no serán suficientes, ni los rezos, ni las esperanzas de los jóvenes que se quedan porque no les queda otra, de los que se quedan porque sí, de los que se van porque no pueden más, e intentan rehacer sus historias, soñando con una vida en armonía, con lo constructivo. No es suficiente para construir un país que sea emergente, vital, global y personalizado, ni tampoco lo mantendrá a flote, o lejos de la marginalidad del tiempo eso que estamos intentando ser, sin definir. Este tiempo de desconstrucciones si no se aplican las condiciones para centrar la conciencia en una vida mejor para un colectivo integrado, no será elogio para el futuro de Venezuela.

 

Tampoco, lo es ni lo será, el trabajo constante de los esclavos de la des-unidad instaurada, ni de los bolsillos hiperfuncionantes. Como digo, la posibilidad y la diferencia la marcan nuestras conciencias, -los sus y no sólo lo nuestro, ni lo de uno, sino lo de todos- organizadas y aprendices, planificadoras y encumbrándose siempre a un desarrollo sustentable consigo mismo y con lo que le rodea. Sólo así quedará aseverado que Patria no se expatria porque son sus ciudadanos quienes no les expatrian su consistencias, ni sus consignas, se queden o se vayan, ni sus Valores, ni sus orígenes, ni su evolución, o su significado intrínseco acerca de lo importante. Incluso, si fuere necesario, -y no existiesen más opciones- nosotros, los venezolanos, amasaríamos, envolveríamos todas las consignas útiles y las congelaríamos hasta finalizar la tiranía del pensamiento dialéctico; pero nunca, jamás, se le debería olvidar su esencia de sabor a empanada de cazón, a arena, a pies descalzos por gusto, ni dónde se guardaron los congelados ni por qué. Guardar, constituye, a veces, la única forma de poder validar, después de las transiciones de fuego, la fuerza de existir como individuos, como lugares en el mapa, como significantes. Claridad para reconocer y valorar el esfuerzo de la manutención individual y colectiva, -lo que algunos llamarían, "el Buen Vivir", de la unidad, de la educación, de la sustancia. Ahí se origina, el verdadero centro: una especie de Fuerza Activa, pero calma, como si fuera de una manifestación ígnea hacia el agua.

Estas conciencias organizadas a las que hacíamos referencia, y de las que pretendemos ser oficio, ministerio y parte son las que generan la intención de convertirse en algo más que país invalidado o en recuperación. Si persistimos, pues, en desarrollar visiones y sentimiento de Patria refundida y no envasada, sino integrada de mundo, de identidades valorativas, podremos seguir consumando vidas viables y potencialmente satisfactorias, de manera que podamos reconocernos a nosotros mismos. No solamente es importante que dejemos nuestro nombre en alto, en el extranjero, y tampoco, lo es solamente, para que los demás, esos otros, a quienes en realidad no lo importamos, nos reconozcan.

La visión colectiva y productiva, es un acto de vida, individual, generalizado y compartido; simplemente, si termina en uno o en otro punto, se rompe el equilibrio. Lo que genera esa calidad de existencia y sustentabilidad en el presente, en el futuro, en el entendimiento de la historia, es que podamos reconocernos a nosotros mismos desde nosotros, desde adentro. No queremos ser ya sólo guardianes ni testigos de una transición en la idiosincracia venezolana, sino la ampliación y no la delimitación de una Zona Franca. Verdadero Puerto Libre para forjar beneficios colectivos.