El Nazareno

Domingo, Agosto 16, 2015

      Nos es tan difícil, a veces, visualizar y observar la realidad que nos rodea en conjunto con lo que somos, cada uno de nosotros con nuestra atención o nuestra des-participación en los hechos, que por momentos, sólo creemos que lo que vemos es producto de una mente ajena a la nuestra, o a una realidad, o que no pertenece a nuestro colectivo, pero lo cierto es que nos dejamos golpear una y otra vez por las circunstancias, por lo supuestamente externo, por lo extrañamente no reconocido como interno, y a su vez, devolvemos cien mil veces estos mismos golpes, o en su defecto nos quejamos e intentamos ir a un ataque furtivo, silente o reactivo para aniquilar el dolor que esto causa o alejar la circunstancia perturbadora de nuestro entorno, aplicando la venganza, el rechazo o la ignorancia. A mediano y largo plazo, nada de esto suele funcionarnos completamente pues nos sentimos abatidos por lo irresoluto, confinados a ideas, acciones o formas de proceder -protocolos, como diríase en al gremio médico-, que no permiten destajar relamente lo negativo que nos rodeó, continúa presente, y en último caso nos quedamos, como perplejos, mirándonos unos a otros, porque el resultado de nuestras acciones resultó totalmente impredecible, o porque no se respeta el contexto del otro. ¿Validamos nosotros al otro?

      Golpear significa molestar al vecino, ir al cine a conversar o a romper el punto consciente del proceso con acciones no correspondientes al tiempo-espacio, no cumplir los tratos, no contestar los mensajes, el teléfono, el e-mail. Cerrar nuestras puertas cuando las hemos abierto anteriormente, invadir significativamente y no con ánimo de ser aire fresco el "momentun" de los demás. Golpear significa abusar en los procesos de compra-venta, traficar con la salud y sus derivados, des-ejemplificar todo aquello que podía ser un modelo construíble, repetible y alentador. Atentar contra lo valuable, contra lo posible, contra lo magnificable.

     ¡No golpeemos el tiempo, no permitamos ser golpeados, y no actuemos en consecuencia sino cuando la acción va más allá del hecho!, es decir, cuando necesitemos ser nuestra propia fuerza de acción, de repulsión, de defensa, necesaria para super-vivir; esto nos dará mejores personas, entidades superiores, empresas conscientes, mejores sueños, grandes países. Eso es lo que anhela la tierra de Venezuela, siempre tan generosa, tan cálida, retribuyente. Lo que anhela son sabios y correctos contribuyentes que intervengan en las situaciones incompletas sólo porque el bien ganancial final será mayor.

     Aprendamos a vivir con el menor drama posible en nuestros contextos. Al final, nosotros no dependemos de él; él depende de nosotros para per-vivir.