Efe-r-vescente

Martes, Noviembre 30, 2010

   Después de varios meses, la popular Iguana Juana, protagonista de cuentos infantiles, y de la que se ha venido hablando desde el colapso, a principios de Abril, de la subestación eléctrica de Lecherías donde 10 sectores de Anzoátegui se quedaron sin luz, consiguió de nuevo su cometido: Aprobaron la "Ley del Trueque": Comida y Vivienda para las Iguanas y otras especies "pasando hambre pareja": Cables Eléctricos, a cambio de Información acerca de la Ubicación de la Plataforma de los Escuálidos (Oligarcas de Venezuela, según presente Revolución Bolivariana).

    La Iguana, además, damnificada ahora por el extraño temporal que sacude las tierras venezolanas en noviembre del 2010, pidió al Congreso "Viviendas Socialistas Eco", -de esas tan bonitas que está fabricando el Gobierno en la Lagunita Country Club -¡¿y qué para desarrollo comuna?l!-. Juana, la Iguana, según participación titular que acreditaba a la misma como integrante de la CIA, -hasta el día en que se aprueba la presente ley-, tenía como misión sabotear al gobierno actual en nuestro país. En plena autonomía de sus derechos como ciudadana venezolana, empezó a comer cables eléctricos en Abril del presente, dejándolos pelados, en estado de inservibilidad y con la condición impuesta por el gobierno norteamericano “sine qua nom” de mantener esta acción bajo la manga –es decir, bajo la cola verdosa de Juana-; no sólo para lograr tapar las conspiraciones en contra del sistema estadal actual, -bien reseñados y estudiados por uno de nuestros investigadores certificados, laureado y afamado en el arte del Humor y la Palabra, Laureano Márquez-, sino para oscurecer las evidencias del mal uso de la política alimentaria en el país, donde se desbordaron contenedores con comida en mal estado, y que aprovecharon las iguanas para desaparecerla por completo; dejando así palpable el beneficio de su especie para el pueblo venezolano. Juana, como integrante de la comuna, camuflada, en principio, de espía socialista, pareciera captar las triquiñuelas de todo movimiento contra la Revolución. Además, enseña a la población el uso comestible de un elemento creado para uso conductor, pero disponible para aquellos que no pueden más que “comerse un cable”.

Entendiéndolo así, el gobierno venezolano ha visto lo inteligente del sistema de camuflaje y espionaje de los americanos y ha decidido negociar con la Iguana, aceptando pues su petición social y lavándole la cola en lo que a su simpatía con el gobierno de ese país, se refiere. Por eso, Juana, la Iguana, es ahora, la protagonista responsable del Trueque en el siglo XXI, por estos lares, señores; pues se cambian información súper escuálida y secreta por viviendas y comida para su comunidad.

 

       Para entender un poco la idea de por qué esta dualidad en Juana, cómo llega a parecerle una cuestión altruista y cambia de bando convenciendo al resto de la especie de actuar en forma solidaria con el gobierno vigente, es vital conocer y entender sus antecedentes genéticos y genealógicos. En su civilización es de suma importancia la evolución terrestre, y para ello consideran al anti-materialismo como un hilo conductivo en la acepción de los valores de integración de los colectivos. De ahí, el significado del trueque.

     Juana, pues, proviene de un sistema de siete estrellas denominados Las Pléyades, las cuales estuvieron conformadas en principio por la familia de Las Palomas, de donde finalmente, se deriva el nombre de dicha constelación. Constituidas por siete hermanas cuyo peregrinar por el Universo, se había hecho indetenible, ya que el dios Zeus, -quien tenía una verruga que encantaba misteriosamente a todos los constructores de pensamiento revolucionario-, las instaba a llevar el peso de los cielos sobre sus hombros en un acto de poderío para castigar al padre de las mismas, -sólo por un capricho que nadie ha descifrado aún-, obligándolo a separarse de ellas, y esto las terminó colocado en esa posición de yugo. En un acto de compasión vertiginoso, y por interés propio, Zeus, al ver que el cazador Oligarca Orión deseaba apropiarse de la belleza y el amor de las siete hermanas y su madre, las libera convirtiéndolas en palomas. Ya no deben soportar más el peso del cielo sobre sus hombros, por lo cual pueden volar libremente hasta él, en él, logrando convertirse en estrellas por la Gracia Suprema que el Dios Todopoderoso Ejecutor-Compasivo, les otorga, definiendo los destinos de quienes mantienen su paso por este Universo de manera sólita.

    Así, desde esos siete puntitos del espacio, se dice que empezaron a evolucionar civilizaciones, y entre otras, lo haría ésta, dando paso al desarrollo inteligente de la especie iguanera. Cuenta la leyenda urbana de los sin algo más en qué pensar, que esta especie forma parte de los Totem sagrados de los Indios Cherokee, quienes fueron parte de los primeros pueblos que contuvieron las Pléyades. Por supuesto, heroica y mesiánicamente hablando, los Cherokee decidieron venir a la Tierra, escogiendo como lugares preferenciales, USA y Venezuela para enseñarnos formas elevadas de evolucionar en pensamiento y acciones, tratando de apartar las formas burdas de elementaridad suburbana, como la necesariedad de cazar para comer y manteniendo el materialismo a un lado de la zona X del meridiano de Greenwich. Hasta aquí, supongo que está clarísimo para ustedes esto de la evolución y los intentos de otras civilizaciones por llevar a un "nivel superior" al sistema humano, etiquetado hasta ahora, por su patente irresolución, como de inferioridad por los Superiores. Los Cherokee pues, intentaron acabar con la idea macabra del materialismo corporativo.

    En medio de todo esto, en lo concerniente a nuestro país, y a las negociaciones entre civilizaciones, es notable remarcar, que extrañamente, la constelación de las Pléyades perdió su séptima estrella –¡¿según?!, de nombre Merode, robada para unos, casada y avergonzada por un mortal para otros, y suicida para el resto-; pero lo cierto es que nadie sabe exactamente cómo desapareció; mientras curiosa y análogamente, Venezuela tenía siete estrellas en su bandera hasta negociar con las Iguanas. Ahora las Pléyades son seis, y Venezuela, tiene ocho estrellas en su iza nacional. ¿Casualidad? ¿Pudiera estarle cobrando a algún antepasado de verrugas florecientes el gesto de compasión con las Pléyades, y en pago se hace de una estrella para su buena fortuna? ¿Quién lo sabe?

    Lo cierto es que la Iguana piensa que lo ha hecho muy bien, y al parecer, ¡piensa que aún puede hacerlo mejor! Los contratadores de las Iguanas, no piensan; ellos dicen que saben que se la están “comiendo”..