Cafés a la medida

Domingo, Agosto 16, 2015

En Venezuela tomamos lo que llamaríamos un café realmente hecho a nuestra medida, y el cual, no es ni largo, ni corto, ni sombra ni nube; es café diluido en sí mismo, o mitigado, o reforzado con la magia blanca de las Diosas del Sur, la leche.

Y... va más o menos así, la escena del concurrido lugar citadino:

Reunidos en una cafetería, un señor levanta su mano, donde se ve la marca que ha quedado después de haberse quitado la alianza: ¡Epa, amigo!... a mí me trae un marrón claro.

- A mí un con leche –dice el otro, algo más joven, aún con alianza, y el traje bien planchado-.

El de más allá pide un "tetero",-mientras sacude su corbata de banderitas pertenecientes a la Fórmula 1; la chica que lo acompaña, cruza las piernas sensual y pícaramente. Se acaricia la cabellera, matizada con mechas rojizas, dejando entreveer su solteria, a través de su mano libre y adornada con pintura vino tinto...

- Y para mí -el observador silente y sin distintivo-: un guayoyito.

Toda una variedad de cafés dentro de la invariabilidad, y sin aditivos o conjuros mágicos extraños a los constitutivos: al agua, al café, y a la leche, en sus preparaciones ordinarias. Y en sus post-elaboraciones de algún tipo, si deseamos un mocaccino, un Irish coffee o un sorbete, también podemos habilitarlo enseguida en nuestras mesas de reuniones; aunque éstos ya contienen la magia de lo globalizado.